La esgrima es una actividad exigente, que requiere dedicación y constancia. Más de uno ha abandonado, y luego más de uno ha vuelto después de un paréntesis de mayor o menor duración
“No existen los viajes de vuelta”, leo en el libro que me acompaña estos días (Mentira, de Enrique de Hériz). Y añade el autor por boca de una antropóloga de su invención: “Tú no eres quien se fue”. Y añado yo, por mi boquita y en este desasistido blog: no sólo no eres quien se fue, sino que además el sitio al que se supone que vuelves no es el sitio del que partiste. Y encima, como no eres el mismo, ni siquiera lo ves con los mismos ojos. Por lo tanto no, no existen los regresos, al menos no en el sentido de la reversibilidad de la ida.
Hace muchos años una profesora de latín se dirigió a una clase de recién estrenados adolescentes: “No podéis dejar una cestita por el camino con algunas de vuestras cosas, y pensar que al cabo de un tiempo volveréis atrás a recuperarlas. Vuestras cosas ya no estarán allí, o ya no serán vuestras cosas”. Acababa el curso 1969-1970, y habíamos tenido que escoger entre bachillerato de ciencias y bachillerato de letras. Yo, que resolvía mejor los hiperbatones de La Guerra de las Galias que las imágenes que se formaban, y probablemente se sigan formando, en las lentes biconvexas, mostraba cierta inconcreta inclinación por las letras, así que fui declarado por el director persona especialmente dotada para las ciencias. Me temo que tan estimulante apreciación de mis capacidades se debió en gran parte a que era el único candidato a letras de toda mi promoción, y menuda pesadez organizar un bachillerato de letras para un único estudiante. Vulnerable al halago, me apunté al bachillerato de ciencias, y fui la causa de la filípica de la cestita. La profesora era de las que siempre parecen estar enfadadas, e inspiraba a partes iguales, respeto y temor; probablemente, una de las mejores profesoras que he tenido. Volviendo a la pieza de oratoria, por cierto magistral: no me miró ni una sola vez, de manera que me pude hundir en absoluta soledad en mi pozo de duda, confusión y tristeza, protegido por el hecho de que ninguno de mis compañeros atinara a entender a qué venían aquellas palabras. Sólo yo supe que se estaba dirigiendo a mí. “En una bifurcación, cuando uno escoge ir por un camino se engaña a sí mismo si cree que puede volver atrás y retomar el camino que ha dejado. Ese camino ya no estará ahí”. Tal vez, la primera vez que alguien me explicaba tan claramente el significado de una decisión; tal vez, la primera vez que me asomaba a los abismos de la irreversibilidad de las cosas. Al final hice ciencias, y nunca me atreví a volver a ver qué quedaba en aquella cestita que había dejado en el camino.
Ayer vi “Mataharis”, una película de Iciar Bollain bastante recomendable. Va de mujeres detectives, y una de las tres protagonistas recibe la visita de un anciano entrañable que ha enviudado y quiere restablecer contacto con una antigua novia a la que abandonó cuando se fue del pueblo pongamos que unos sesenta años antes. Emulando a otra de las protagonistas, que en su árida soledad compartida a veces habla con los personajes del televisor, casi le digo: “No existen los viajes de vuelta”. Y como casi me mira sorprendido, pues casi añado: “No puedes esperar que haya nada en la cestita que dejaste hace tantos años”. Pero bueno, vaya usted a saber, a lo mejor no buscaba un viaje de vuelta sino una estación de término.
La esgrima es una actividad exigente, que requiere dedicación y constancia. Más de uno ha abandonado, y luego más de uno ha vuelto después de un paréntesis de mayor o menor duración. Excelente situación para comprobar que nada ha cambiado, pero todo es diferente. Maestros, compañeros y rivales no son los mismos, aunque sean los mismos; uno no es el mismo, incluso suele ser peor. Y ni siquiera la esgrima es la misma. Podemos no darnos cuenta, o hacer como que no nos damos cuenta; podemos echarle la culpa al tiempo, o maldecir al segundo principio de la termodinámica, que me malicio que algo tendrá que ver.
O podemos reírnos: ¿Viaje de vuelta? ¿Quién dijo viaje de vuelta? Si es sólo una manera más de hacer otro viaje de ida…
3 comentaris
3.Javier Romero | 22-06-2010 22:46:19 | el SAM es como un puerto...
Me alegro de tu intervención, Tommy, pues eres uno de los mejores ejemplos de los viajes de ida y vuelta a la esgrima. La realidad es tan poliédrica, y está recubierta por tantos estratos de percepción que uno puede (o dos pueden, y más si son tres) estar viendo de maneras diferentes una misma verdad. Por eso no te discutiré, porque probablemnete, a través de los estratos y de los poliedros, estamos de acuerdo, como de acuerdo estamos con maese Coyote. Aunque, dicho sea de paso, el segundo principio de la termodinámica me conferiría una pequeña ventaja si decidiera discutir. Lo que es seguro es que tú, Coyote y yo, y probablemente todos los demás tiradores de la sala, coincidimos en que el SAM es una especie de puerto que se puede abandonar por motivos diversos, pero al que siempre se puede poner rumbo de vuelta, sea para refugiarnos de algún temporal o para hallar reposo y solaz entre sus gentes y sus ruidos metálicos. Siendo los mismos o siendo diferentes.
2.Tommy | 22-06-2010 16:27:19 | No se yo
Pues no se yo, Javier. Me fuí y volví varias veces, la primera por servicio obligado a la Patria, las últimas por servicio voluntario y pasional en los primeros pasos de mis hijas. Como bien dice Coyote, cuando se regresa hace con ilusión. Una ilusión que supera los temores de recibir duras derrotas por parte de aquellos que nunca te vencieron, pero con la esperanza de que la técnica y un físico bien mantenido te ayuden a recuperar camino. También es la ilusión de reencontrarte con amigos o hacer nuevos. En definitiva, volver a vivir buenos momentos deportivos y extradeportivos. El pasado domingo pude vivir grandes sensaciones deportivas en el Cto.Cat. sensaciones, si no iguales, muy parecidas a las vividas hace ya muchos años. El jueves anterior gran fiesta Matusalem entre amigos... Creo que en el SAM, al menos hoy, si existe el viaje de vuelta.
1.David Gomáriz | 21-06-2010 11:36:48 | Sense títol
Quizás consiste más en volver a ilusionarse como si fuera el primer viaje de ida y no tener la esperanza de encontrar la cestita que dejaste en la sala. vuelve a darnos caña en la pista, don Romero, haznos recordar aquel adversario rocoso, o mejor aún, haznos descubrir a un nuevo adversario, reflejo de este científico muy dotado para las letras, con gran capacidad de sorprender con un finta y pase inesperados que nos hacen un tocado en el corazón ;-)