SAM Esgrima Barcelona
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Javier Romero
02-05-2010

 

Sobre reencarnaciones e inventos

 

Inventor.
Ya lo tengo decidido.
En mi próxima reencarnación quiero ser inventor.

(Inciso, hace años, bastantes años, hubiera dicho: “de mayor quiero ser inventor”, cómo cambian las expresiones con el paso del tiempo, más leña para los artículos anteriores, fin del inciso)

Inventaré cosas en las que nadie ha pensado todavía (como no podría ser de otra forma, vaya frase tonta me ha salido), pero especialmente una que resultará muy útil para un segmento de la población cuya necesidad básica a este respecto ha venido siendo hasta ahora clamorosamente descuidada.

Probablemente y tras unos escarceos irrelevantes con chismes banales como pinzas de la ropa servoasistidas que no dejen escapar las prendas colgadas en el tendedero (y así no tener que bajar a pedírselas a la vecina de abajo), o concentradores cuánticos de agresividad cerebral para atraer la atención de esos camareros que siempre miran a otra parte, o a ninguna, cuando uno necesita algo (y así evitar el ridículo de gesticular hacia la nada), me lanzaré a un proyecto que, cuando triunfe, me reportará fama, honores, dinero, poder, envidias y mucho agradecimiento por parte de sus usuarios.

Lo tengo muy bien pensado. Se trata de un artilugio ideal para reuniones sociales, comidas, sobremesas, recepciones o guateques, cualquier actividad que reúna a unos cuantos seres humanos decididos a ejercer su don del habla (y, en mucho menor medida, el de la escucha). Aunque suele silenciarse por aquello de las conveniencias y del qué dirán, una determinada fracción de la humanidad, en tales entornos, sufre de inseguridad, malestar, angustia, tensión e incluso prurito. Estos síntomas se agudizan hasta el extremo en situaciones varias, tales como meteduras de pata leves o graves, vergüenza ajena (también llamada alipori, quién lo iba a decir), aburrimiento crítico, ganas de pasar desapercibido y similares. Este síndrome, en medios académicos, ha sido bautizado QMAM (“Quiero Morirme Ahora Mismo”), aunque determinadas escuelas psicosociales siguen denominándolo síndrome de TT (“Tierra Trágame”). Si bien es cierto que otra parte de la humanidad es absolutamente inmune a estos asuntos, allá ellos, mi targeted consumer pertenece al primer grupo. Además, que conste, no sólo quiero hacerme rico sino, sobre todo, ser su benefactor.

El invento consistirá en un sillón (o silla, habrá varios modelos y colores; tengo que pensar en cómo adaptarlo a reuniones en que la gente esté de pie; tal vez una baldosa portátil, ya veremos) que mediante los sensores adecuados detecte en el usuario un estado de ánimo que vaya acercándose al QMAM. Superado un cierto umbral de angustia, la silla, abriendo una ventana al hiperspacio, absorberá hacia una negrura protectora al angustiado usuario, que tendrá la sensación de hundirse hasta lo más profundo de su asiento (o de su baldosa), y de caer en una especie de útero protector de negrura, paz, silencio, quietud y soledad ilimitadas. Simultáneamente a la desaparición del usuario, y mientras la silla (o sillón, o baldosa) recupera su forma, color y textura normales, se desencadenará un bucle temporal inverso, de manera que los recuerdos de los presentes serán reestructurados matricialmente para que devengan coherentes con la ausencia del contertulio esfumado. En el modelo Premium, disponible por un módico sobreprecio, el bucle temporal irá acompañado de un bucle espacial no secuenciado que retocará el ambiente, por ejemplo, convertirá una mesa cuadrada donde había cuatro personas en una redonda para tres. Y en el modelo De Luxe se escuchará en el útero de no-espacio no-tiempo música de Kenny G. Más adelante vendrá el merchandising y las fruslerías, que si edición Platinum, que si edición Exclusive Executive, que si este echa unas chispitas o un humito rosa en el momento de la desaparición, que si este otro lleva GPS incorporado... pero todo eso será accesorio y se lo dejaré a mis representantes y franquiciados, que habrán estudiados masters de última generación en Harvard o en la Pompeu Fabra.

Viviendo de las rentas del asunto, me dedicaré entonces a mi auténtica pasión, la esgrima, donde estoy seguro de que un desarrollo de mi invento, con las prestaciones adaptadas, será de enorme utilidad. Veamos un ejemplo. Estoy en un asalto y pienso una acción compleja y astuta que va a dejar al adversario moral y físicamente tocado, pongamos: hago medio romper, sobre su marcha ejecuto una finta al brazo, enlazo con un pase para librar su cuarta y cogiendo sexta entro con un tocado recto al pecho por oposición. Toma ya. Pero va y entonces no marcha cuando toca, no se cree mi finta, mi pase choca con su hierro, mi intento de toma de hierro sólo encuentra aire y en medio de un desagradable desconcierto me encuentro con el botón de su espada antipáticamente encastrado en las pleuras. En tal caso... ¿quién no desearía tener mi invento a mano?

Desde luego, habría que adaptarlo un poco, y resolver algunos problemas técnico-teóricos, derivados de lo dinámico de la acción, de la distorsión logarítmico-conceptual y de los campos electro-magnéticos generados por los aparatos, entre otras minucias. También habría que hacer algo para corregir la cara de tonto que se le quedaría al rival, aunque él se lo habría buscado. A este respecto, una buena idea sería secuenciar infinitesimalmente los sucesos en una serie pseudo-Tayloriana progradante, de manera que se enlazara automáticamente con el siguiente asalto. No sé, ya lo pensaré. Pero la idea de que, después de una pifia monumental, la pista se abriera bajo nuestros pies... ¿Es o no atractiva?


Coletilla

No me cabe duda: el plan es perfecto, y la idea genial. Ahora que me pongo a pensar en ello, lo único que me preocupa es que no sé muy bien cómo están las listas de espera por allá en el éter para lo de la reencarnación, que igual si me demoro mucho la esgrima ya ha desaparecido de la faz de la tierra. O las reuniones sociales.

5 comentaris
 5.Javier Romero | 11-05-2010 22:37:12 | respuestas
Mis inventos, Ricardo, serán, no lo olvides, en mi próxima reencarnación. En esta, y gracias a uno tuyo, algunos andamos facialmente ventilados, que no es cosa baladí. Pero fíjate, ya tengo experto(a) en márqueting. Mi pequeña empresa promte, ¿dan los bancos créditos sobre empresas rentables de próximas reencarnaciones?
 
 4.Convidat | 11-05-2010 21:20:42 | Quiero uno!
Quiero uno! Pero uno hecho a medida. Uno especial para esgrima, pero especialmente indicado para el momento en que te dan un buen espadazo en la careta con la explosión que tendrías que haber utilizado tú en lugar de perder el tiempo pensando la acción. Ese momento QMAM es más fastidioso todavía que el del tocado al pie mientras te quedas mirando al pajarito.
Pd: Podemos hacer una buena sociedad, yo me encargo del marketing y la publicidad, que eso lo tengo fresco jejeje
 
 3.Ricardo Arveras | 03-05-2010 18:53:11 | Aquellos maravillosos inventos
Jo Javier. Veo que tienes la materia gris empeñada en fructíferas sesiones de bombardeo de ideas. Me alegro por que así seguro que al final darás con una que te pèrmita ceder parcialmente el QMAM a una multinacional de esas que tienen pinta de durar más que la esgrima y las reuniones sociales. Doy por seguro que la explotará con éxito y tú (reencarnado en ves a saber que) o tus herederos podreis disfrutar con salud de sus réditos.

Que envídia me das, ya quisiera que mis inventos tuvieran el mismo éxito en la esgrima que en las reuniones sociales. Debe ser que me falta ese conocimiento profundo de la necesidad esgrimologica así como el desparpajo y torería que derrochas al mostrarnos los mejores frutos de tu cosecha. ¡Ole tu arte!
 
 2.David Gomáriz | 03-05-2010 09:10:48 | Sense títol
Lo compro!!! Además, dudo que esas divertidisimas reuniones sociales desaparezcan... Me temo que antes desparecerá nuestra querida esgrima :-(
 
 1.Convidat | 02-05-2010 20:49:50 | Sense títol
Jajaja, nene raro...
 
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