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Ciutat de Barcelona 2010 |
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Javier Romero
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14-02-2010 |
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Unas imágenes valen más que mil palabras
O eso dicen. O eso dicen los que trabajan la imagen, que algunos no estamos del todo de acuerdo con la enunciada falta de paridad entre verbo y plástica. Pero bueno, tampoco vamos a pelearnos por eso, ¿no?
La cuestión es que hoy ha habido en Montjuic esgrima, espada femenina, de la buena (XXXIV Trofeu Internacional Ciutat de Barcelona d’Esgrima ) y, en contra de mi costumbre, la cosa va más de imágenes que de palabras.
Y ya que va de imágenes. ¿Alguien se imagina que nuestro sentidos, en vez de férreamente regidos por el cerebro, dispusieran de autonomía e iniciativa? Si hubiera diferencias de opinión entre ellos, entre nuestros sentidos, ¿cuál sería el hegemónico? Pues la vista, sin duda. Imaginemos un conflicto entre el poder central del cerebro y la vista. Cuántas posibilidades de sabotaje… Que quiero ir a la izquierda. Pues los ojos miran a la derecha. Que quiero leer. Pues los ojos se cierran. Que quiero reír. Pues los ojos lloran. Lo tendría crudo, el cerebro. Que nadie piense que la cosa va de metáforas pseudo-políticas, es un simple ejercicio de reflexión con el que continúo en seguida. La televisión es la vista de la sociedad. Aquello que la televisión no mira, no existe. Por eso cuando llegan las cámaras, tienden sus cables, se encaraman a sus torres, sonreímos, indulgentes, aunque nos pisoteen un poco. Hay una cierta sensación de “Bienvenido Mister Marshall”. Nadie se queja de las cámaras, son los ojos de la sociedad.
La barrera que separa lo permitido de lo demás es un peso de 750 gramos, o, deberíamos decir, una masa de 750 gramos, que, en el pabellón de INEFC, ejerce una fuerza dirigida hacia el centro de la Tierra de unos 0,75 kilopondios. Y el muelle de la punta de la espada ha de poder con esos tres cuartos de kilopondio. ¿Sufrirán las diosas de la esgrima lo mismo que sufrimos el común de los mortales por si el enanito que está debajo del botón de la espada va o no a empujar lo suficiente, poder con el peso y cumplir dignamente su cometido?
La esgrima no es cosa de dos, sino de tres. Dos tiradoras (o tiradores) y el árbitro. Si su juicio es sesgado, deviene un elemento táctico más que las tiradoras han de tener en cuenta e integrar en sus planteamientos. Si es malo, el azar irrumpe en el asalto como algo incontrolable y la incertidumbre invade el terreno de la técnica y de la estrategia. Si es un buen árbitro, entonces cataliza, modera, regula, calibra y los esgrimistas se enfrentan gracias a él y a través de él. Un buen árbitro da seguridad, y permite concentrarse en los elementos esenciales de la esgrima.
Te puede gustar la esgrima por muchos motivos, e incluso puede no gustarte por muchos más. A mí me gusta porque me apasiona la lucha pero detesto la violencia. En la esgrima hay lucha, la esgrima es lucha. Ahora bien: lucha no violenta. Bueno, podríamos perdernos en definiciones de violencia, pero creo que ya se me ha entendido.
Enfín... Eso es esgrima.
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