SAM Esgrima Barcelona
Abreviar o no abreviar Imprimir a/e
Javier Romero
30-01-2010

 

La Historia es la descripción abreviada de los hechos de la Humanidad

Cuentan (o al menos eso me contó mi padre a mí) que un rey muy poderoso de la antigüedad decidió conocer la historia de la humanidad hasta sus más íntimos detalles, y para ello mandó llamar a los sabios más sabios. Los heraldos reales, en las cuatro esquinas del reino, convocaron a los mejores filósofos, cronistas, narradores, a los más audaces viajeros, a los más reputados trovadores, a todos aquellos que pudieran ayudar a satisfacer el deseo del monarca. Y el rey los cubrió a todos de oro y de regalos, y les ordenó que escribieran la historia de los hombres hasta en sus más ínfimos detalles, momento a momento, paso a paso, lágrima a lágrima. Ansiosos de cumplir con el mandato de su rey, se encerraron en una biblioteca gigantesca, y trabajaron día y noche sin descanso, recopilando y anotando todo lo que se sabía, y gran parte de lo que no se sabía también. El trabajo no era sencillo, pero pusieron tal empeño que fueron acumulando, volumen a volumen, todo aquello que nunca había sido escrito antes. Los años pasaron, y los volúmenes aumentaban. Pero pasaron más años, y la paciencia del rey empezó a agotarse, de manera que les envió a sus heraldos a conminarlos para terminar la tarea y presentarse con ella en el plazo de un año. Por aquel entonces no se bromeaba con las órdenes de los reyes, de manera que, cuando el día exacto en que se cumplía el plazo, el más sabio de todos aquellos sabios estaba inclinado ante el monarca. No muy seguro de haber hecho lo que de él se esperaba, y con la voz temblorosa por el temor a ser castigado, reconoció ante el monarca que el cumplimiento del encargo no era todo lo perfecto que habían deseado. En lo que iba a mostrarle estaba la historia de los hombres, pero no toda la historia de los hombres: habían tenido que abreviar un poco, dejar en la sombra algunos detalles, simplificar un poco. Pero, añadió apresuradamente, lo que traía era una obra tan monumental que nunca se había visto nunca nada parecido, ni probablemente podría volver a verse nunca. El rey, con impaciencia, pidió que le enseñara los resultados de una vez. El sabio entre los sabios pidió al rey que se acercara a la ventana. Lo que vio le dejó atónito: una hilera de camellos penetraba en los jardines de palacio, se prolongaba por las puertas, seguía hasta la muralla de la ciudad, salía de ella, serpenteaba por el camino real y se perdía de vista en el horizonte. En cada camello, siete alforjas con siete paquetes de siete libros cada uno.

- ¡Infelices! ¡Desgraciados! –exclamó el monarca montando en cólera- soy ya un hombre mayor, ni que dispusiera de siete veces siete vidas como la que me queda por vivir podría leer la mitad de la mitad de esos libros. ¡Fuera de mi vista! Os digo lo siguiente: en siete veces siete lunas debéis traerme algo que pueda leer antes de morir. O si no moriréis conmigo.

Aquella noche, los libros fueron quemados, y las llamas subieron hasta el cielo. Entre sus cenizas, los sabios, escribientes y cronistas se pusieron a trabajar con renovado ahínco. Tanto y tan bien que un poco antes del plazo fijado pidieron nueva audiencia, y acudieron a él con once volúmenes de prietos y pulcros caracteres.

- Aquí tenéis, majestad. Es la historia de los hombres, y aun incompleta contiene lo esencial.

Pero los años no habían perdonado al monarca, y su edad, ya muy avanzada, le tenían postrado en lo que todos sabían que era su lecho de muerte. Así que cuando vio los once volúmenes exclamó, con voz cansada pero firme:

- ¡Once veces infelices! ¡Once veces desgraciados! Ni que dispusiera de once veces once vidas como la que me queda por vivir podría leer la mitad de la mitad de esos libros Es vuestra última oportunidad: ¡dadme algo que me dé tiempo a leer o moriréis!

Azorado, el sabio de los sabios sacó un trozo de pergamino de entre sus ropas, se arrojó al suelo, y con un cálamo que le prestó un chambelán se puso a garabatear afanosamente. Al poco, se arrodilló junto al lecho del moribundo y le mostró el papel. El rey leyó, con la voz de quien lleva demasiado tiempo esperando:

- Los hombres nacieron, vivieron y murieron.

Asintió gravemente y murió.

Pues la historia es la descripción abreviada de los hechos de la humanidad.
Y un mapa es una descripción abreviada de un territorio.
Y una declaración es una descripción abreviada de un hecho, o una crónica una descripción abreviada de un partido (o carrera, o competición).
Una biografía es la descripción abreviada de una vida.
La ciencia, o una gran parte de la ciencia, es una descripción abreviada del mundo natural, y la religión la descripción abreviada de lo que algunos creen que es el mundo sobrenatural.
Los políticos son una simplificación de la sociedad. A veces incluso una caricatura, pero vamos a dejarlo.

Aspiramos a reducir la incertidumbre a que estamos sometidos por todo aquello que nos rodea, y para eso necesitamos conocer. Pero en nuestra capacidad de conocer no cabe todo lo que nos rodea. La magnitud del mundo es muy superior a la de nuestros limitados cerebros. Así que hay que podar, reducir, abreviar, simplificar. A costa de que aquello que tenemos en la cabeza no sea exactamente igual que aquello que tenemos fuera. A menudo, no es que no sea exactamente, sino que no se parece más que muy remotamente. Pero si quisiéramos un mapa que reflejara totalmente el territorio, sería tan grande como el territorio; de hecho, sería el territorio, y no habríamos ganado nada. O la historia de la humanidad, para volver a la parábola de antes. Vivimos entre y de abreviaturas y simplificaciones.

O no. En matemáticas, la ecuación de una recta es la recta, no una simplificación, no una descripción abreviada de la recta. Está toda ella, todos sus infinitos puntos. Tal vez por eso algunos consideran que las matemáticas son bellas.

Todavía más: un poema no es una expresión abreviada de un sentimiento, sino una expresión ampliada. Una obra de arte extiende la realidad, en vez de simplificarla. Tal vez por eso algunos consideran que las obras de arte son bellas

Y tal vez por eso hubo alguien que dijo que la superficie del mar agitada por el viento es tan compleja que para describirla acertadamente el mejor físico con sus ecuaciones fracasa. Lo que hace falta es un poeta.

¿Abreviar o no abreviar? Pues eso: he ahí el dilema.

 

Addendum

Ando tan alejado últimamente de espadas, floretes y (¡lagarto, lagarto!) sables que el texto se me ha ido, él solo y por propia voluntad, por derroteros muy poco relacionados con la esgrima. Me lo voy a tener que hacer mirar.

5 comentaris
 5.Javier Romero | 04-02-2010 22:00:43 | Abreviar en esgrima
Por fin se me ocurrió un ejemplo para meter la esgrima en mi artículo. Una competición. Van a un torneo de ránking 150 esgrimistas. Cada uno tiene sus aspiracions, su estilo, su táctica, su técnica. Compiten de acuerdo a ciertas reglas, al final de la competición están ordenados del 1 al 150. Esa lista es una forma abreviada de describir sus capacidades como tiradores, una simplificación de la variedad de sus talentos y aptitudes.
Al final todo tiene un reflejo en la esgrima.
A lo mejor es que la esgrima es una representación abreviada del mundo.
 
 4.Aurelia | 02-02-2010 18:52:14 | más vale tarde que nunca
Todo lo que no es tradición es plagio, desde el Paleolítico, sí, aproximadamente. Luego están las convergencias evolutivas, o sea, llegar al mismo sitio por distintos caminos y por cuenta propia. ¿Que otro ha llegado antes? Pues bueno, cada uno llega cuando puede. En el Paleolítico podría haber sido uno de los primeros en morir de frío o atacado por un animal o... en pintar una bonita pared del Tassili Najer, pero como no las firmaban (no se había inventado todavía el arte ni los derechos de autor), no se hubiera enterado nadie. Pero ¡¿quién quiere reputación y gloria?! La incertidumbre me temo que sea inevitable: unos la sobrellevan escribiéndola y otros leyendo lo que los primeros han escrito.
 
 3.Javier Romero | 02-02-2010 08:03:10 | Siempre llego tarde
Magritte, Schopenhauer, Wagensberg, Gómez de la Serna...
Siempre que se me ocurre algo, y encima si lo escribo, resulta que a otros más inteligentes ya se les había ocurrido antes, y encima lo habían explicado mejor. Si hubiera nacido en el paleolítico igual hubiera podido ser el primero y alcanzar reputación y gloria. Pero bueno.
Lo de la comunicabilidad está bien. Para comunicar hay que abreviar. Y comunicamos para no encontrarnos tan solos ante la incertidumbre que nos rodea.
 
 2.Aurelia | 31-01-2010 08:07:38 | el mundo es un sitio raro
"Ceci n'est pas une pipe", que dijo uno.
«Nadie puede salirse de sí mismo para identificarse directamente con las cosas distintas a él; todo aquello de que se tiene conocimiento cierto e inmediato se encuentra dentro de su conciencia», es decir, el mundo como voluntad y representación, que es como lo pensó Schopenhauer.
Así que lo que rige es "el principio de la comunicabilidad de complejidades ininteligibles".
"El mar está lleno de escalofríos" Ramón Gómez de la Serna.
 
 1.Convidat | 30-01-2010 21:57:42 | Sense títol
No, no te lo hagas mirar, sigue así...o con textos relacionados con la esgrima, da igual, pero sigue. Isa
 
Nou comentari
Nom:
Títol (opcional):
E-mail:
Comentari (màxim 2048 caràcters):
Verificar:
Quantes lletres hi ha a la paraula SAM ?
 
< Anterior   Següent >

 
Crèdits | Política de privacitat | Avís legal | Mapa web | Novetats
© 2010 SAM Esgrima Barcelona