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Pasamos página
y cambiamos
de tercio.
Me gustaría escribir un pequeño ensayo sobre los saludos en las diferentes culturas, pero es tema muy trillado y sobre el que han disertado voces y plumas de autoridad muy superior a la mía. Lo que quiero es señalar cuanto de europeocéntrico, por llamarlo de alguna forma, es eso de que esté prescrito en el reglamento de la esgrima que al final de un asalto haya que darse la mano. Dicho sea de paso, a principios de temporada temí que se prohibiera, por razones sanitarias (gripe A y todo eso) lo de darse la mano, que para hacer el ridículo algunos se quedan solos. Dejando de lado improbables ridículos sanitarios, lo de saludar está muy bien, es una cortesía un tanto atávica (o vestigial) que conviene conservar, que imprime carácter a la cosa. Pero podría alegarse que debería ser igualmente válido el saludo con una reverencia, o llevándose una mano al pecho, o frotándose las narices, o haciendo pam i pipa. O dándose un beso.
Ahí voy. Beso significa lo que todos sabemos, y en principio sirve para transmitir una amplia gama de emociones, que incluye deseo, amor, amistad, reverencia, afecto, respeto; el contexto y los, digamos… accesorios… del beso se encargan de matizar. Evidentemente, en el caso de la esgrima y salvo insólitas excepciones, estaríamos en el último caso, el del respeto. Así que podríamos usar, con mucha mayor propiedad, la palabra ósculo, más restrictiva, ya que según el DRAE sirve para expresar afecto o respeto. Nada más.
El palabro es simpático, o al menos a mí me lo parece, entre otras cosas porque es realmente difícil asociarlo a un acto apasionado (“le dio un ósculo de tórrida pasión…”, no cuela). También porque, deformación profesional, me recuerda a una esponja, no la del baño, sino esas que viven en el fondo de los mares. En efecto, el ósculo de la esponja es la apertura, generalmente superior, por la que expulsan el agua que previamente han bombeado a través de sus cuerpos porosos. Ved una foto de estos animalejos y sus ósculos aquí al lado.
Por cierto, esta acepción biológica no está recogida en el DRAE. Pero la coincidencia es intrigante, especialmente porque uno no se imagina el beso de una esponja como algo particularmente... ehhh... apetitoso. Corro a desentrañar el misterio al diccionario etimológico, pero el Corominas resulta inusualmente escueto y me remite al latín, vaya descubrimiento. Mi modesto diccionario de latín no me saca de dudas. Pero, por suerte, algún alma caritativa subió a internet el Gaffiot (Dictionnaire Latin-Français, 1934), y creo que ahí está la solución. Osculum-i quiere decir beso (por cierto: osculabundus quiere decir besucón), pero también quiere decir (o quería decir) boca. Pero, y esto es lo bueno, osculum no era cualquier boca, sino “boca pequeña”. Y… ¿cómo ponemos la boca cuando damos un beso? Enigma resuelto. La cosa a su vez puede venir del griego, y puede aplicarse o implica algún sentido de abertura. Pero no hace falta ir más allá. Beso, boca pequeña. Eso sí, me intriga que los romanos tuvieran una palabra específica para la boca pequeña, e ignoro si había palabras igual de específicas para una boca normal, o para una boca grande. Pero… ¿es o no hermoso el lenguaje?
Vaya, a lo que iba. Al final del asalto podemos optar por saludarnos al estilo musulmán, japonés, esquimal, europeo, tibetano, ruso… o cada semana de una forma diferente, por aquello del mestizaje cultural, al menos en la poule de los jueves. O con un ósculo.
¿Veis?
Una palabra útil en esgrima.
O potencialmente útil, digamos. Ningú ha comentat aquest article. |