SAM Esgrima Barcelona
La última vez Imprimir a/e
Javier Romero
28-11-2009

Divagaciones después de una entrega de diplomas…

 

 

 

Hace muchos años, o tal vez no tantos, que lo de cuantificar el tiempo es asaz relativo, y si bien podría dar la fecha exacta no es ahora cuestión de fechas, dejémoslo pues en que hace bastantes años… a ver, divago, salida nula, volvamos a empezar con más convicción.

 

Hace bastantes años, decía, entré en la sala de Reina Elisenda para informarme sobre aquella cosa tan esotérica que atendía por el nombre de esgrima. Mi hijo, vaya usted a saber por qué, había mostrado interés por lo que entonces me olía vagamente a un híbrido entre arcaísmo y  folclore. Poco podía yo imaginar, mientras era guiado por un buen amigo a través de los vericuetos de acceso a nuestra sala de debajo de un puente, la importancia que iba a cobrar aquel supuesto folclore en nuestra vida familiar, las horas de diversión, de complicidad, de emociones y de esfuerzo que iba a traernos y a permitirnos compartir. Empezó mi hijo, me arrastró a mí y pronto mi hija quedó contagiada. Eso sí, manifestando su personalidad a través de la elección de un arma distinta, lo cual añadió un plus de discusiones gremiales al asunto; discusiones que, por cierto, terminaron por ser muy sabrosas.

 

He estado a punto aquí de relatar nuestro recorrido familiar por el mundo de la esgrima. Afortunadamente, me detengo a tiempo, ya que entiendo que poco o nada interesarán a la mayoría mis pequeñas historias domésticas. Lo dejamos, pues, para mejor ocasión.  Ahora bien: no me resisto a unas pocas reflexiones. 


A menudo leemos sobre la poca comunicación entre padres e hijos, sobre la falta de referentes comunes, sobre las fracturas intergeneracionales… leemos o, poco o mucho, experimentamos. Grandes males de nuestro tiempo, o quién sabe si de cualquier tiempo. Pero a grandes males, pequeños remedios, me dispensen los del refranero. Como otros remedios caseros, la esgrima no será la solución una, grande y definitiva,  pero algo hace: doy fe.

 

Mis hijos y yo aterrizamos en el mundo de la esgrima, y han sido muchos (perdón, quedamos que bastantes) años de compartir ese espacio común, ese rincón de ocio familiar un tanto insólito, en los que tiempo ha habido para el compañerismo y la rivalidad, para sabores y sinsabores, para muchas risas y algunas lágrimas, alrededor de ese punto de encuentro intrascendente y profundo a la vez. El ascenso en moto o en coche hasta Reina Elisenda en las mañanas de competición, el descenso desde Reina Elisenda después de un campeonato o de un entrenamiento fueron quedando establecidos como los pequeños rituales secretos de esta hermandad de armas paternofilial de la que, como puede deducir cualquier lector avispado, me sentía –siento- tontamente orgulloso.

 

Nadie sabe definir muy bien lo que es el tiempo, pero todo el mundo sabe que su principal característica es que pasa sin que podamos hacer nada para evitarlo. Mi hijo dejó la esgrima progresivamente en los últimos años, mi hija abruptamente al final de la temporada pasada. Nada que objetar. Los espacios confortables que uno construye con esmero para compartir con la gente querida tienen el fatal destino de ser, antes o después, abandonados, de buen grado o, lo que es peor, por la fuerza. Poco sensato es lamentarse, preferible resulta aprovechar la ocasión para filosofar un poco.

 

Así que hoy, que ha habido la entrega de premios de la Federació Catalana d’Esgrima a los tiradores destacados de la temporada 2008-2009, he acompañado a mi hija a la sala a recoger su diploma. Volviendo en la moto, Avinguda Foix abajo, llevando a mi espalda la inmediatez física de quien dejó de ser una niña, me he dado cuenta de que era la última vez que acometía el ritual.  Ni hablar de tristeza ni de melancolía. Agradecimiento, y mucho. Mi vida con mis hijos hubiera sido menos rica, más incompleta si aquel lejano día que evocaba al principio del artículo no hubiera ido a husmear en las entrañas del SAM…

 

Además, qué es la vida sino una sucesión de últimas veces. Las hay de todo tipo: alegres, emotivas, desgarradoras, indiferentes, que alivian, que destruyen. A veces sabes que esa vez  es la última vez; otras no te das cuenta hasta al cabo de un tiempo de que aquella vez había sido la última vez. Aunque no en estricta correspondencia matemática, cada última vez abre la puerta para una primera vez. O al menos así intento explicármelo para hacer las cosas más fáciles. Que el futuro de algunos rebose de primeras veces, mientras que en el de otros se vislumbren mayoría de últimas veces es un pequeño accidente sin importancia al que ahora no prestaremos mayor atención, que lo malo malo de verdad de verdad vendrá cuando sea la última vez que vivamos una última vez. Pero eso es ya otra historia…

 

En todo eso pensaba mientras iba Avinguda Foix abajo con mi hija de paquete, en eso y en otras cosas similares. Y me he dicho: “pues lo podrías escribir para el blog”.

 

Dicho y hecho.

6 comentaris
 6.Javier Romero | 01-12-2009 22:13:05 | Sense títol
Hum hum hum...
Me siento halagado, claro, y ese último asalto que dices no es una concesión sino un placer. Y disfrutar del último sorbo es prueba de sabiduría.
Pero... oye, que entre mis planes más inmediatos no figura la defunción, ¿eh?
 
 5.Convidat | 01-12-2009 19:56:07 | Sense títol
Eso de la última vez tiene miga.

Está bién aprovechar al máximo los momentos que no sabes si serán los últimos o los últimos en mucho tiempo. Por si acaso y por poder ser la última vez, después de la clase matinal, siempre que puedo te pido un asaltito más que concedes gustoso. Es lo más parecido al apurado del último sorbo que ese momento brinda. Todo es poco para concienciarse de que esa última vez siempre puede estar rondando.

Que sigas con salud.
 
 4.Carmen (Alicante) | 30-11-2009 11:52:50 | emocionante
Emocionante relato de una vivencia de la poca o muy poca gente puede presumir, la unión entre padres e hijos. Si encima se tienen unos aferrados valores familiares y amor a la esgrima... una acaba heca un mar de lágrimas. Cuestión de sensibilidad...
 
 3.Coyote | 30-11-2009 09:37:01 | Sense títol
plasplasplas!! Lo que hace el azar. Uno asoma la nariz por nuestro sótano entrañable, y sin darse cuenta se vuelve asiduo al sonido de los hierros y al olor a sudor concentrado. ;-)
 
 2.Javier Romero | 29-11-2009 10:31:36 | saludos
Hola, anónimo lector. Esto de escribir en un blog tiene como gran retribución el de recibir estos inesperados comentarios elogiosos... Así que muchas gracias.
Y no creo que vaya a Madrid, pero en la primera fase de alguna otra competición sí es posible que se me vea.
 
 1.Convidat | 28-11-2009 21:32:13 | Sense títol
GRANDE Javier!
En mi tienes un lector , que quizás no comente mucho los articulos, pero que está ahí al pié del cañon, esperando el siguiente articulo. Anímate a ir alguna competcion hombre! Nos vemos en Madrid?
 
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