|
Como decíamos ayer...
Procrastinar es una maravillosa y utilísima palabra. Viene del latín, nacida de la feliz unión entre pro, delante o hacia, y crastinus, relativo al mañana o al futuro próximo. Procrastinar es pues enviar las cosas, normalmente cosas que hay que hacer, al futuro inmediato. Aunque lo de inmediato es sólo apariencia, normalmente uno envía algo a mañana para, convertido el mañana en hoy, volverlo a enviar al mañana, que ayer era pasado mañana, o sea, un futuro algo menos inmediato, un poco liado pero cierto, y así sucesivamente. Los que procrastinan, llamados también procrastinadores, hacen suyo el conocido refrán de “no hagas hoy lo que puedas dejar para mañana”. Por cierto, este refrán fue pervertido por los eficientes y los productivistas y transformado a su versión apócrifa, actualmente convertida en oficial “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.
Antes de meterme a escribir sobre algo husmeo siempre un poco por esa especie de biblioteca de Babel que es internet. Pues bueno, para muchos esto del procrastinar es una patología, o casi. ¡Hay que ver! Se la asocia, la supuesta patología, no sólo a una baja autoestima y a humores depresivos, sino también al miedo al fracaso y al perfeccionismo compulsivo. Qué le vamos a hacer. Lo que no he conseguido en mis paseos internáuticos es averiguar cuando empieza a utilizarse esta palabra. Al parecer, asoma en el lenguaje culto a principios del S. XX; sería que la modernidad de entonces necesitaba estigmatizar mediante algún término rotundo a vagos y perezosos.
Contra lo que me hubiera gustado imaginarme, es verbo regular de la primera conjugación, y se conjuga como “amar”; ni es defectivo, ni tiene irregularidades notorias, por ejemplo, “yo procrastinuve”, que sonaría mucho mejor que “yo procrastiné”, a que sí. Y como no es defectivo, se puede conjugar en todos los tiempos y personas. Así, por ejemplo:
“Procrastinen ustedes un ratito en vez de dar tanto la lata” (imperativo)
“Yo procrastinaría muy a gusto, pero es que he hecho una promesa” (potencial)
“Hay pocos que procrastinen con estilo” (mi amado subjuntivo)
“Me he pasado el fin de semana procrastinando, y hoy estoy como nuevo” (gerundio)
En general, se me da que no se explota a fondo la riqueza conjugatoria de este verbo, y es una pena.
El palabro es de una gran utilidad en esgrima, y por eso lo traigo a colación aquí, para que los esgrimistas hagamos buen y generoso uso de él. Ahí van algunos ejemplos, que no agotan ni de lejos sus posibilidades; llene el lector como ejercicio para agilizar y extender su empleo los espacios en blanco.
“Ahora me toca físico, 30 minutos corriendo y 300 abdominales. Es un buen momento para …….. “
“La hoja de mi espada (florete, sable) está hecha un asco, acabo de dejarle una marca marrón en el traje a mi adversario, debería pasarle la piedra pómez, pero mejor ….. un poco“
“Sería bueno pasar peso y galgas, aunque si los paso igual resulta que he de desmontar la punta, y esos malditos tornillos que cuestan tanto de poner, no se, podría tal vez …”
Y sí, se puede usar también en otros ámbitos. Por ejemplo, yo mismo, en los últimos meses me he dicho en más de una ocasión: “Debo escribir algo para el blog, pero… por cierto, ¿cómo era aquella palabra tan útil en estos casos?”.
Ahora ya no se me volverá a olvidar.
3 comentaris 3.xose | 02-12-2009 19:43:40 | vaya palabreja...Olé con Romero! Qué bueno que viniiiiste!! Con la palabreja esta, creo que no lo conseguiré... No parece estar hecha para mi. No conseguiría meterla en una conversación ni con calzador. Tomo nota por si cuela! Un abrazo enorme 2.Coyote | 09-11-2009 09:32:55 | Sense títolOh! Que grata sorpresa. No procrastine más y escriba más artículos, don Romero. 1.Dídac Gamero | 09-11-2009 09:17:46 | yo también procrastinoYo quería hacer un comentario ameno y original sobre este delicioso artículo, pero no estoy inspirado y prefiero procrastinar un poquito. |