|
Unos viejos floretes y dos manuales de esgrima.
La mayor parte de nosotros hemos convivido más o menos largamente con nuestros padres y madres, y tenemos de ellos conocimiento de muy primera mano, vivencias densas, profundas. Asimismo, también la mayor parte de nosotros hemos conocido a nuestros abuelos, personajes por lo general entrañables que han formado parte del paisaje humano de nuestra niñez y primera juventud. Alguno es posible que hasta conserven una imagen más o menos borrosa de algún bisabuelo o bisabuela cuya longevidad o algún azar del cabalgar de las generaciones le aproximara por un tiempo. Los tatarabuelos son ya una presencia muy remota, historias transmitidas por vía oral, quién sabe si un nombre en alguna lápida, o un porte erguido y hierático en algún retrato en sepia. Más allá, las personas que integran nuestro linaje se funden en el magma semántico del conveniente “antepasados”, una especie de fosa común de la memoria familiar y genética. Una fosa común hacia la que, por cierto, avanzamos a medida que pasamos de ser hijos a ser padres, de padres a abuelos, de abuelos a recuerdos, de recuerdos a anécdotas, de anécdotas nombres, y luego ya se acabó. Y mientras otros seres, que llevan algunos de nuestros apellidos y algunos de nuestros genes corretean por el mundo. Igual que yo ahora correteo (es un decir, la dignidad a la que me obliga mi edad me impone un porte algo más digno que el de un “correteador”) por aquí, con los apellidos de mis antepasados, algunas hebras de su ADN y un árbol genealógico que un tío abuelo mío, generación a generación y remontándose hasta el s. XVI, tuvo la paciencia de recopilar. Acompañado de meticulosas anotaciones, me ha permitido conocer fechas de nacimiento y muerte, bodas, oficios, destinos y algún pequeño detalle, aunque poco, muy poco, de lo que pensaron o de lo que sintieron. Aunque la cosa no tenga utilidad práctica, a veces me complace saber que parte de mí procede de una familia castellana, más o menos hidalga aunque sin títulos, con muchos elementos discretamente ilustres y, eso sí, terriblemente refractaria a la fortuna.
En casa de mis abuelos se guardaban algunas reliquias materiales de mis antepasados, y de entre ellas mi padre rescató, siendo yo todavía niño, dos floretes que siempre han estado (y aún están) colgados en la pared de la casa en que me crié. Signo o premonición, o tal vez imprinting tardíamente manifestado, les tenía de niño una profunda admiración, les tengo hoy un gran cariño. Curiosamente, cuando empecé a practicar la esgrima, un tío mío, depositario de l a biblioteca de mis abuelos, me obsequió con dos libros de esgrima. Uno es “La esgrima de la espada”, por el Cav. Of. (¿Cavaliere Oficiale?) Eugenio Pini (eso sí, con la colaboración de su discípulo, Prof. Domingo Bedonni) publicado en Barcelona en 1905. El otro es “La esgrima de florete, espada y sable”, del Profesor Ramón de Lorca Díez, también impreso en Barcelona, sin fecha (probablemente entre 1910 y 1915), en la colección “Biblioteca de Sports y juegos” que, al precio de 50 céntimos (¡de peseta!) por volumen ofrecía títulos tan simpáticos como “¿Quiere V. jugar al foot-ball?”, “El bóxer inglés y el bóxer francés” o “Náutica (natación y regatas)”, todos profusamente ilustrados. Textos curiosos, espeso sin mesura el uno, algo más clarificador el otro, anacrónicos hasta la ternura ambos.
La existencia de estos dos libros, que algún lector anónimo leyó en su día, como se desprende de su estado confirma que un “antepasado” mío sintió por la esgrima inclinación, curiosidad o incluso llegó a practicarla. ¿Pudo ser mi abuelo? Mi abuelo me habló de esgrima, pero también me habló, mucho y bien, de química, de guardias civiles y gitanos, de electricidad, de toros, de tahúres, de la fauna de la India, de las trincheras de la batalla de Verdún y de mil cosas más; y de la esgrima nunca lo hizo en primera persona.¿Mi bisabuelo? Cuentan que era de temple colérico, y caso de haber sido él me lo imagino antes con un sable bien afilado que con un florete de salón. Quizás mi tatarabuelo, que fue húsar de la reina, pero la fecha de los libros es demasiado reciente ¿Algún tío abuelo o bisabuelo? Tal vez los floretes del tatarabuelo corrían por la casa, y un hijo o nieto compró los libros para aprender su correcto uso. ¿Algún pariente político, alguna oveja negra descarriada al que la historia familiar quiso olvidar? ¿Alguien que se preparó para limpiar alguna ofensa? ¿O para defenderse de algún ofendido, que todo puede ser? ¿O alguien que, oprobio, los adquirió para un baile de disfraces? (no eso no, el honor familiar está a salvo, para el disfraz es suficiente UN florete, y ningún libro). ¿Un huésped accidental que se dejó el material, deportivo y bibliográfico, para aligerar su equipaje el día de la partida?
Probablemente no lo sabré nunca; en el árbol genealógico al que antes aludía no hay alusión alguna a prácticas de esgrima, y las últimas briznas de memoria viva se están disolviendo. Tampoco me importa; prefiero imaginar la historia, recrear la historia de ese ancestro tirador, que me legó dos floretes, dos libros y ese gen de expresión tardía que ahora me hace bienaventurado cuando empuño una espada.
 8 comentaris 8.piñeiro | 22-01-2009 00:35:44 | galicia countryHola MASTER OF DE S-WORDS
Qué bueno. No dejas de sorprenderme Romero. Anda que llevo tiempo sin pasarme más que de refilón. Buf... estás más que inspirado con tus cosas. Lo de que los temas se van agotando... pues si nos hablas de ti, vaya que bien! En vista de arbol genealógico tan espectacular! Y sino, abres la enciclopedia (aún tienes una?? hoy con los ordenatas, la mayoría de enciclopedias de las casas han quedado enterradas bajo wikipedias y gooles varios), pues abres la enciclopedia en una letra, y seguro que encuentras tu inspiracíon para seguir deleitandonos con jugosos pensamientos o atractivas reflexiones.
Mucho ánimo, Master, que sigue siendo una delicia leerte! Gran comunicador!!
Apertas:
Xose Piñeiro 7.Coyote | 12-01-2009 11:46:42 | Sense títolAh no! Ni hablar! Ahora que don Romero se empieza a desnudar ante su público no puede dejarnos a medias. No deje de escribir, caballero, que es un placer leerlo. 6.Javier Romero | 09-01-2009 17:51:19 | AutofagiaGracias al anónimo invitado que me felicita por la cincuentena de artículos, la verdad es que no había caído. Vaya cifra redonda... ¡dan ganas de plantarse! No sólo por la redondez, sino porque la inspiración va empezando a estar justita, y por eso sucede lo que Maese Coyote llama "terapia", a saber: que a falta de temas empiezo a hablar de mí y de mis circunstancias, en una especie de autofagia que terminará por consunción total de la materia prima. 5.Coyote | 08-01-2009 09:37:42 | Sense títolEn mi anterior comentario quizás no me he expresado del todo bien. Quería decir q todos, en mayor o menor medida, tenemos antepasados curiosos o extraños (aún más si somos esgrimistas, lo q nos hace más frikis q la media y lo raro nos viene heredado). No es fácil, por otra parte, tener antepasados más o menos ilustres. Alcalde Mayor de Toledo... Recordadme que me destoque cuando nos veamos en la pista ;-)
Lo de terapia es por lo de confesaros ante la pantalla de un ordenador, donde voyeurs confesos como un servidor puede leer todas vuestras intimidades.
Nos vemos acero en mano, caballero. 4.Convidat | 08-01-2009 08:08:42 | "Blogas" de PlataFelicidades por haber llegado a tu título número 50 en este magnífico blog!!!!!!! Continua haciéndonos ver estos otros aspectos de la esgrima, y llega hasta el oro de los 100 (y luego más, claro).
3.Javier Romero | 07-01-2009 22:34:44 | siglo XVTiene razón Maese Coyote, que las novelas no hacen sino copiar a la realidad. Por otra parte, el mérito de tener antepasados más o menos curiosos es muy limitado; y la suerte de conocerlos muy grande, aunque tampoco haya hecho gran cosa para merecerla. Hay un error en mi texto, puesto que Don Diego Romero, Alcalde Mayor de Toledo y del que desciendo por vía directa, debió nacer en la primera década del S. XV. Lo que no he entendido es lo de la terapia... 2.Coyote | 07-01-2009 11:00:27 | Sense títolNo creas, Carmen. Estoy seguro que todos, mirando atrás, encontramos familiares peculiares, extravagantes y con rasgos novelescos... Muchas veces la realidad supera la ficción. La suerte es la de ese tio abuelo de don Romero que tuvo la paciencia de recoger toda la historia de su familia. Por cierto, que debió de ser tarea árdua, pues llegar hasta el XVI ha de ser complicado. Ya veo que don Romero está enganchado a su blog, haciendo terapia ;-)
Un placer leerlo :-) 1.Carmen (Alicante) | 06-01-2009 20:45:09 | Sense títolHay que ver... tu vida es como una novela. No sé si será porque la cuentas como tal, o porque realmente lo es. Te leo y pienso la vida tan "normalita" que he llevado yo siempre... Pero feliz eh? que es lo que importa! |