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Un poco de perfume provoca reflexiones sobre la globalización y la huella ecológica de la esgrima
Hace un tiempo, a mi mujer se le acabó el Perfume. No un perfume, sino el Perfume, con mayúscula. Aquel perfume que no es sólo un olor, sino que es tu olor, y que no es sólo olor, sino un trocito, o un envoltorio imprescindible de tu personalidad. Cosas de la vida, el Perfume es tirando a rarito, y todos mis intentos por dar con una tienda donde adquirir un frasco fracasaron. Así que, oh Google sapientísimo, ayúdame en este empeño…
Internet es siempre territorio propicio a la sorpresa. Sin esforzarme mucho di con más de trescientas tiendas virtuales de perfumes con la marca que yo buscaba, pero, primera sorpresa, por mucho que intenté aplicar criterios de vecindad geográfica, todas ellas terminaban enlazando con una tienda de Nueva York. Demonios, eso es categoría, pensé, regalar un perfume comprado en Nueva York. Segunda sorpresa: por el precio que había pagado tiempo ha en Barcelona por un frasco, en Nueva York conseguía tres, costes de envío incluidos. Dicho y hecho, al cabo de una semana tenía mi pedido, el vacío oloroso en mi familia había sido colmado y todo quedaba en paz. A mayor sorpresa, el paquete, sin cargo adicional alguno, había ido primero a Estocolmo, para ver mundo, digo yo; y, por cierto, el perfume es francés, aunque, quién sabe, a lo mejor lo fabrican en China. Globalización, creo que se le lama a esto.
Final feliz de la historia, si no fuera porque la idea de que para que yo obtuviera 300 ml de perfume alguien había tenido que quemar una buena cantidad de litros de queroseno me ha tenido inquieto desde entonces. Por un lado, porque el queroseno viene del petróleo, y el petróleo es un recurso no renovable: se extrae, se quema, se acabó. El petróleo que se ha quemado en este transporte tardará decenas de miles de años (siendo optimistas) en volver a formarse. Por otro lado, porque gran parte del producto de la quema, el dióxido de carbono, se quedará en la atmósfera y contribuirá, salvo mejor opinión, al cambio climático que se avecina. Y todo por un frasco (perdón, por tres) de perfume. Pongamos que de París a Barcelona hay unos 1200 km. Pues bien: de París a Nueva York son unos 6000, de Nueva York a Estocolmo, 6000 largos y de Estocolmo a Barcelona, 2000. Lo cual, mediante una sencilla resta, da por encima de los 13000 km superfluos, que, oh paradoja, han abaratado el producto. Aunque mi mente simple no alcance a adivinarla, seguro que hay alguna explicación lógica desde el punto de vista de mercados, stocks, aranceles, márgenes, costes y demás. Para ser sincero, tal explicación me interesa más bien poco. En cambio, me preocupa que nuestro mundo funcione cada vez más a base de llevar cosas de un lado a otro. El transporte requiere energía, y esta energía se obtiene casi exclusivamente del petróleo. Quemar petróleo deteriora el medio, de una manera de la que aún no somos demasiado conscientes. Y el petróleo se acabará un día u otro. De hecho, el problema no es que se acabe, sino que no pueda extraerse al ritmo necesario para satisfacer la demanda creciente, y esta situación podría estar mucho más cerca de lo que muchos quieren creer. En ese momento dejará de ser rentable pasear frascos de perfume arriba y abajo… Qué frágil, un transporte basado en el petróleo; qué frágil, una sociedad basada en el transporte. Naturalmente, me he hecho el firme propósito de no volver a participar en una operación comercial globalizada de esas; propósito que durará ya veremos cuánto, la voluntad es débil y se ve muy achuchada por las leyes del mercado y las crisis financieras.
De tanto darle vueltas al asunto, un día entrando en la sala se me ocurrió preguntarme cuánto petróleo quemo por practicar la esgrima. De hecho, hasta tuve la intención de calcularlo, y luego compararlo con el que había costado traer los frasquitos de perfume esos que no dejan de da vueltas por mi cabeza. Y tal vez un día lo haga, aunque la cosa no es simple. Tengo la impresión, y puede que me equivoque, que la esgrima es un deporte bastante ahorrativo en términos energéticos, sobre todo si lo comparamos con la fórmula 1 o el paracaidismo, pero incluso si nos fijamos en el fútbol o el tenis.
Para el cálculo, habría que tener en cuenta tres grandes apartados.
a) La práctica cotidiana: el gasto de electricidad (la iluminación es de bajo consumo, la calefacción la llevamos incorporada, de la refrigeración mejor no hablar…) y el de agua (de la que hacemos un uso muy moderado, gracias a la sutil programación helada/quemando/helada/quemando…), pues el agua también es energía, la que cuesta traerla hasta la sala, y la que cuesta depurarla después. Entraría aquí todo lo que es organización (comunicaciones, oficina, etc.), limpieza, reparaciones y demás.
b) El material: la energía que cuesta confeccionar trajes, caretas, armas y otros pertrechos, así como la que es necesaria para su mantenimiento (sobre todo el lavado: aunque unos gastan menos que otros en este aspecto…), incluyendo el transporte de los enseres desde su punto de fabricación hasta la sala (¿quién no ha oído hablar de hojas ucranianas o chinas?)
c) El transporte: lo que consumimos en llegar hasta la sala y en volver a casa, así como el gasto en ir a competiciones.
Habría que hacer unos cuantos cálculos, conocer las fuentes de energía implicadas (en el transporte es casi exclusivamente petróleo, pero en nuestra vida cotidiana hay otras fuentes, algunas renovables). Me dice la intuición que el transporte se llevaría una parte importante del total, aunque puede que me equivoque. En cualquier caso, poner números a todo eso sería interesante, requeriría algo de audacia, inventiva y perseverancia: un posible proyecto de investigación. De hecho, hay páginas de Internet que, de manera simplificada, nos ayudan a calcular nuestra “huella verde” o “huella ecológica”, concepto referido a una actividad y que viene a expresar la superficie de territorio que requeriría dicha actividad para ser sostenible, es decir, la superficie de territorio capaz de producir los recursos necesarios para dicha actividad (energéticos, materiales…) y de absorber sus residuos, todo ello de manera indefinida. Por cierto, hay quien dice que la huella ecológica actual de la civilización viene a ser de un planeta y medio, y que pronto será de varios planetas como el que tenemos.
Lo dejamos aquí, que este tema da para mucho, y ya está bien por hoy. Por cierto: cada vez que huelo el Perfume de mi mujer, me parece notar también un leve tufillo a queroseno quemado. ¿Serán alucinaciones?
3 comentaris 3.Javier Romero | 17-11-2008 22:24:43 | Esclavos del transporteMaestro Piñeiro, encantado de reencontrarte, aquí o en las Piranoias. Que vivimos esclavos del transporte, como dices, resulta evidente. Que esto hace nuestra sociedad más frágil, más vulnerable, y que además la cosa va a peor y hasta extremos absurdos era un poco lo que quería mostrar en mi escrito. Y lo de que el avión ya venía no me convence. Por un lado, el avión vino porque yo, y otros como yo, hicimos rentable su vuelo a base de pagar botellas de perfume de trayectorias inverosímiles. Por otro lado, el perfume (más su botella, más su envoltorio) es masa, y subir una masa a 10.000 metros, y luego pasearla por los límites de la troposfera, cuesta energía. Pura física. Pero bueno, como dice Maese Coyote a lo mejor lo que hemos de empezar a pensar es a dejarnos de zarandajas y fabricar perfume a base de meter hierbas olorosas en botellas de alcohol. 2.un percebe do RONCUDO | 15-11-2008 00:17:07 | YO... quero... senoEstimado Romero. No he podido tardar más. Hoy he visto tu mensaje en el post de los pERCEBEIROS, y no he querido tardar más e pasarme un ratito, leer la última y dejar mis huellas dactilares por aquí.
Como siempre super agudo e ingenioso con tus palabras. Me ha gustado mucho tu reflexión. Yo dentro de mi sentimiento de culpabilidad con este tipo de asuntos del voy-vengo, quemo gasofa y eso, el presupuesto al mes de ir y venir a trabajar ya sale en una salsa!! Y si no fuera, y me ahorrase el gasto en gasolina? Chungo. Y si usase el autobús? O si me fuera y viniese en bici? Mi vida de esgrimista, se ve necesitada del gasto de gasolina en llevarme los equipos de esgrima de un lado a otro para dar la clase o bien para tirar: mal asunto entonces. Ya ves! Esclavos somos de las ruedas y los motores. Si fuese andando, con todos mis enseres, estoy seguro que no tardaría ni un mes en fallecer de sobreesfuerzo.
Bueno, a lo que iba... con el asunto de los perfumes, ¿has probado a pensar que el avión NYork-Estocolmo-Tu casa, ya venía con otros motivos?? Tenía que llevar pasajeros a Estocolmo, no? Y la cajita cabía en el avión!! Y de allá a Barcelona: lo mismo! Buf... que dolor si solo viniese el avión con solo los perfumes, no?. No es consuelo, pero bueno, a lo mejor para engañar al remordimiento, puede servir,je, je.
Pues nada más por hoy, Maestro de las teclas!!
Un abrazo enorme y.... FONDO Y FLECHA!!
XOSE
1.Coyote | 11-11-2008 11:02:15 | Sense títolSupongo, y es mucho suponer, que cuando el petroleo no sea un recurso rentable, y se tarde un mes de ir de EEUU a Europa,se acabará la deslocalización de las empresas, el traer el tomate de marruecos, y otras muchas cosas extrañas de estos tiempos que nos ha tocado vivir. A veces imagino que dentro de unos años (no demasiados), volveremos a lo de los mercados locales y el autoabastecimiento del territorio (o estoy volviendo a flipar?). Ayyy... Como se me va la olla!! |