SAM Esgrima Barcelona
Estampas veraniegas (3): sabor a medalla Imprimir a/e
Javier Romero
21-08-2008

Alegrías, sueños e incertidumbres después del bronce.

Se mire por donde se mire, la medalla de Abajo en Pekín es (o será en cuanto pase el tiempo suficiente) un hito para la esgrima española; cometería pues un pecado de lesa esgrima si no le dedicara una estampa veraniega. Como dijo, o se le escapó, a la presentadora de Antena3, una medalla es una medalla, aunque sea de bronce y en un deporte “minoritario” (aclaración: las comillas las he puesto yo, es que tuve la impresión de que en vez de minoritario iba a emplear otro adjetivo mucho más peyorativo, malpensado que soy).

 

Creo que, ante todo, cabe destacar la alegría que ha recorrido a la comunidad de esgrimistas de este país de una punta a la otra. Claro que ir de una punta a otra en una comunidad de tamaño tan menguado es corto trayecto, pero ello no le resta mérito; si acaso se lo añade. En cualquier caso, estábamos ansiosos, tengo la impresión, de que sucediera algo bueno que nos llevara a la primera página de los periódicos, hambrientos, tras tantos años de ayuno, de una medalla bien mediática de la que sentirnos orgullosos y presumir. Y ha llegado, y todos nos hemos regocijado, y la hemos sentido nuestra, probablemente mucho más personalmente nuestra de lo que pudieran sentirse los practicantes de otros deportes. Además, el sentimiento se ha visto atizado porque seguro que todos tenemos un amigo (o dos) que nos ha dado la enhorabuena. Para mayor felicidad, de repente la palabra “esgrima”, tan cara de ver o escuchar en los medios, ha pasado a ocupar portadas y titulares. Le estoy (¿estamos?) agradecido a Abajo por habernos dado todos estos motivos de alegría.

 

Ya se ha hablado mucho de esta medalla, tanto en la prensa general como en medios especializados (por cierto: ¿conocéis el portal www.esgrimistas.es? Una visita merece la pena) y no se me ocurre nada sensato que añadir.

 

Pero dejadme contar un sueño, que seguro he compartido con más de uno. En él, la aparición reiterada de la esgrima en los medios terminaba por llamar la atención de los patrocinadores, que empezaban a interesarse por nuestro deporte, con inversiones que poco a poco iban dejando de ser tímidas. Los euros fluían, las televisiones acudían a los campeonatos, y más y más patrocinadores se peleaban por los mejores, y las cadenas pugnaban en los tribunales por los derechos de retransmisión, y el flujo de euros se convertía en tumultuoso caudal. Los clubes florecían, la esgrima era la reina del prime time y hasta los esgrimistas más apuestos anunciaban colonias y zumos de frutas. Nuestras federaciones nadaban en la abundancia, las competiciones se celebraban en  escenarios no sólo dignos sino hasta lujosos, los maestros de armas se desplazaban en limousines y los árbitros eran gente bien pagada y totalmente profesionalizada. Luego… clase, distinción, éxito, miles de ciudadanos practicando esgrima…

 

De repente, he vuelto a la realidad con una especie de escalofrío. ¿Una esgrima en plan fútbol o tenis? ¿Con más gente que la mira que gente que la practica? ¿Con gigantescos intereses económicos y hasta políticos en juego? ¿Con hiperprofesionales a los que uno sólo puede ver de muy lejos y pagando, o por televisión? ¿Con decenas de miles de federados estructurados en categorías estancas y locales, a menos para los mediocres, que somos mayoría? Brrr… Entre otras cosas, a lo mejor lo que a muchos nos fascina de la esgrima son sus dimensiones tan humanas. Quiero decir que a lo mejor lo que nos fascina de la esgrima es que sea un mundo pequeño, abarcable, tan abarcable que no sería imposible, con un poco de suerte, tirar un día en una poule con el mismismo Abajo. ¿Quién podría soñar en jugar a tenis con Nadal o jugar a fútbol con Xavi? La esgrima, tal como está en nuestro país, tiene el componente indiscutiblemente cálido y amable de las cosas pequeñas. Y por si fuera poco, tiene también ese punto de cutrez a veces odioso, pero a veces también tan entrañable.

 

No me malinterpretéis, es sólo un sueño desaforado del que desperté sumido en un mar de dudas. En realidad, lo que pienso y deseo es que ojalá la medalla de Abajo le dé un empujoncito a nuestro deporte. Que buena falta le hace.

3 comentaris
 3.Convidat | 19-09-2008 15:19:25 | Sense títol
Estoy de acuerdo contigo. Por un lado, sí que sería bonito que el deporte fuera más reconocido pero, por otro lado, podría ser que se "corrompiera".
Cuando digo que hago esgrima la gente se soprende "Nunca había conocido a alguien que hiciera esgrima" dicen. Pero cuando sale algo de esgrima, como por ejemplo, el tema de la medalla de los juegos olímpicos, te comentan "He visto que España ha ganado una medalla en esgrima. Me acordé de ti". Así que pienso que, al menos, ya les suena un poco familiar.
 
 2.Carmen (Alicante) | 28-08-2008 01:19:52 | Sense títol
Ciertamente la medalla tiene un sabor agridulce. Por una parte pensar que puede ser el principio de una revolución a nivel mediático (aunque esta es la parte en la que entra en juego el sueño de todos los esgrimistas, el mismo sueño que el tuyo) y por otra parte el pensar, ya con algo de resaca de celebración de medalla, si caerá en el olvido en cuanto comience la temporada. Hacen falta unas cuantas medallas para dejar de ser "minoritarios". Por algo se empieza, pero ya nos podemos armar de paciencia...
 
 1.Coyote | 25-08-2008 09:17:10 | Sense títol
Que buena artículo (y reflexiones). Sin ese aire clandestino que tiene la esgrima, casi como de hermandad secreta, pierde chicha. De hecho no sé si a alguien más le pasa, pero a mi, he de reconcer que me da corte decirle depende a quien que hago esgrima (primero te tachan de elitista, y despues de friki).
 
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