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Las invisibles caretas de los maestros
Nuestros maestros y entrenadores no dejan de decir que para cualquier cosa que se haga con el arma en la mano, hay que ponerse la careta, y que no hay mayor despropósito que hacer el tonto con una espada (o un sable, o un florete) sin que el agente y el sujeto paciente de la tontería lleven sus caretas puestas. Me pregunto yo: ¿por qué, entonces, cuando hay trabajo en parejas y los maestros explican de manera teórico-práctica una acción, lo hacen tan a menudo sin la careta? Más de una vez me ha sido exigida una finta-pase-fondo, y me ha sido reprochada la tibieza y falta de entusiasmo de mi acción. Pero… ¡si estoy aterrorizado! Como todos sabemos, las puntas de las espadas no siempre van donde queremos; de hecho, el caso es que a muchos de nosotros les sucede que la mayor parte de las veces la punta suele ir donde no queremos. ¿Y os imagináis dejar tuerto a un maestro? Muchos de vosotros, por jóvenes, no conocéis los buenos usos y costumbres que hicieron de nuestro país una unidad de destino en lo universal. Porque, de conocerlos, sabríais que de dejar tuerta (o coja, o averiada de manera similar) a una chica, un caballero lo mínimo que podía hacer, illo tempore, era montarle un estanco en Ávila. Sí, tal como lo oís. Al menos eso tenía yo entendido. Supongo que un estanco era, antaño, el no va más de la seguridad económica y moral, garantía de sustento eterno y eterna pureza en pensamientos, palabras y hechos; que fuera en Ávila probablemente redondeaba la moralidad y seriedad del asunto. Por cierto: por mucho que he buscado, no he encontrado estadísticas que demostraran una frecuencia anormalmente alta de estanqueras tuertas en la capital abulense.
Volviendo al hilo del tema que nos ocupa, ¿os imagináis a alguno de nuestros maestros mutilados por nuestro hierro regentando un estanco en Ávila? Claro que las cosas han cambiado, y en este mundo cibernético, pagano y materialista, en que está prohibido fumar en casi todas partes, donde ya no existen las instancias y sus inseparables pólizas y sólo a gente muy rara se le ocurre enviar una carta de papel de esas en las que hay que pegar una estampita, los estancos ya ni son garantía de futuro ni siquiera lugares respetables. Quien sabe, a lo mejor ahora hay que montar un DIA macrobiótico, un cibercafé de diseño, un todo a cien de ideas neoconservadoras o una franquicia de encuestas electorales. No sé, ya he dicho que cada vez entendía menos al mundo que se empeña en rodearme. Pero tampoco les veo en eso; a nuestros maestros potencialmente mutilados, me refiero.
Así que… maestros, ¡poneos las caretas, por favor! 2 comentaris 2.Javier Romero | 30-07-2008 10:36:13 | Cumplidor soyPues sí, maese Coyote, no siempre a tiempo, pero suelo cumplir con la palabra dada. Cuatro confusiones prometí y cuatro he escrito. Además, he de reconocer que aún me quedan cosas que me dejan perplejo por explicar (tal vez hable de un R2D2 negro y con trompa que a veces corre por la sala, tal vez hable de la lucha de los encargados de material contra el segundo principio de la termodinámica...), pero eso será en otro momento. Muy interesante la explicación que sugerís. Claro que con un solo ojo se aprecian mal las distancias. Y se me ocurre si un día, en la poule de los marineros, no podríamos tirar todos con un ojo vendado. Y sí, ya lo sé, por la percepción y tratamiento de la distancia de algunos de nosotros, parecería que siempre lleváramos un ojo vendado. O los dos. 1.Coyote | 29-07-2008 07:29:22 | Sense títolEs cosa cierta esto que decís. De todas formas, he llegado a la conclusión que es eso lo que buscan. Todos sabemos que la esgrima es un deporte minoritario, que atrae a toda la fauna friki de la ciudad. No hay nada mejor, para atraer a esos frikis indecisos que decir que el maestro de armas (mucho mas guai que entrenador, o profesor) es tuerto, y se cubre su herida con el parche correspondiente. Ahora solo falta convencer a nuestros abnegados maestros que no es necesario perder el ojo para cubrirlo con tan original complemento. Incluso propongo la variedad de monóculo (o quevedos). Eso ya no se lleva y es mucho mas distinguido que las típicas gafas, y no te quita la profundidad de visión de un parche.
PD: Ya iba a quejarme por la falta del cuarto Confuso y Perplejo, aunque estaba seguro que don Romero no iba a faltar a la palabra dada. |