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La conjura de los pasantes
¿Qué hay más sencillo que un cable de tres conductores unido, en cada uno de sus extremos, a sendas clavijas de tres patillas?
¿Cómo, en un ingenio tan elemental, puede caber tal grado de perversidad, de sofisticación en la maldad?
Todo poseedor de uno de estos artefactos (y si es poseedor de varios, peor aún) habrá comprobado como los muy arteros esperan, agazapados, el momento más inconveniente para fallar. Y lo hacen así, sin previo aviso, buscando siempre maximizar los efectos perniciosos sobre su desdichado propietario, en forma de tarjetas amarillas, tocados que no encienden y cosas así. Para mayor rechifla, cuando uno, resignado, tira de comprobador de circuitos y verifica conexiones, patillas, hilos y demás, pues… poniendo su carita más angelical, el pasante de marras resulta que funciona con toda normalidad. Y ni se nos ocurra volver a la pista con él, que nos la juega seguro. La verdad es que cuesta pillar a uno en flagrante violación de sus deberes sobre la mesa de reparaciones, así que muy a menudo lo mejor es amputar por lo sano sin piedad. Claro que entonces, poco a poco, empezamos a notar una extraña sensación de insuficiencia: es el famoso síndrome del pasante menguante.
Ahora bien, de todas las nefastas vivencias que uno puede llegar a experimentar con estos chismes, no hay ninguna más demoledora que enfrentarse a una conjura de pasantes. Uno tiene tres pasantes, como marcan los cánones, y los tres, oh milagro, funcionan relativamente bien. De repente, uno falla, un hilo roto tal vez. Inmediatamente, el segundo se pone a hacer masa y al tercero se le ha depositado roña en las patillas y no hace buena conexión con el enchufe de la cazoleta. Así que a la patronal (o sea nosotros) sólo le quedan dos opciones: sacar los tanques a la calle (o sea, tirar los pasantes a la basura y comprar otros tres nuevos) o ceder un poco (prometer más horas de descanso, antioxidantes de marca y prejubilaciones dignas en taquillas con aire acondicionado y sin isópodos).
Repito: ¿cómo, en algo tan sencillo, puede caber tanta maldad?
Addendum
Para los extraños al mundo de la esgrima, recordar que el pasante es el cable que conecta el arma al sistema de señalización de tocados; dicho cable entra a la chaqueta tirador por la muñeca, le sube por el brazo, pasa por el sobaquillo y sale por la espalda. A veces, tamaña intimidad con entes tan diabólicos provoca escalofríos... Ningú ha comentat aquest article. |