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Una pregunta de alguien que se asoma a la esgrima por primera vez lleva a reflexionar sobre el lenguaje de la esgrima, compuesto de letras, palabras, frases...

El otro día participé en una divertida actividad. Doce compañeros de trabajo y yo (me dio la sensación de ser el Guerrero Número Trece), ellos ajenos del todo al mundo de la esgrima, asistimos a un taller introductorio llevado por Joan Ramon. Doce debutantes a la vez, a los que acostumbro a ver en un ámbito profesional, intentando pincharse alegremente y disfrutando de lo lindo, a pesar de algunos morados y muchas agujetas, es algo digno de verse. Por otra parte, es una ocasión para que desde fuera recibas opiniones sobre algo en lo que estás tan metido que a veces pierdes la perspectiva.
Entre otros puntos de vista, una de mis compañeras me hizo un comentario sobre el fuerte contraste entre la relativa simplicidad de los movimientos básicos y lo complejo que era luego un asalto, de espada en este caso. Creo que es una observación acertada, y me recordó un texto que escribí para “Som el Sam” y que recupero aquí, ya que tengo la sensación de que este blog tiene más difusión que la revista. Pido excusas a los que ya lo leyeron en su día, y en general a los que me miren mal por andar reciclando material. Pero, como dijo aquél, hoy las musas han pasao de mí, estarán de vacaciones…
La esgrima es una especie de lenguaje polifónico, que se habla (o se canta) a dos voces: la de los brazos y la de las piernas. Las dos voces deben estar en perfecta armonía, y si una desafina o entra en la melodía antes de lo que debe… ya sabemos lo que pasa.
Romper, marchar y fondo son los tres elementos básicos del lenguaje de las piernas, un abecedario sencillo con tres letras principales y algunas otras reservadas para los grandes estilistas (media marcha, palestra, paso húngaro, etc.). El lenguaje de los brazos tiene más elementos: guardia, brazo estirado, pase, paradas (ocho en la escuela francesa, cuatro en la italiana), contras y oposiciones, algún batimiento y poca cosa más. Pero también son pocas las letras del lenguaje de los brazos. Entre brazos y piernas, una veintena a lo sumo. No es mucho, ¿no? Qué deporte tan raquítico en posibilidades, cómo un asalto de esgrima va a ser algo mas que una aburrida repetición de unos pocos movimientos básicos.
¿Sí? ¿Seguro?
¿Cuántas letras tiene el alfabeto de las lenguas románicas? Pues, letra arriba o letra abajo, veintiséis. Unas pocas más que el alfabeto de la esgrima. ¿Alguien diría que la lengua catalana, española, francesa, italiana es una aburrida repetición de unos pocos sonidos básicos? ¿Alguien diría que una vez escuchadas unas pocas frases, ya lo hemos oído todo? Con veintiséis letras se ha escrito la mejor literatura, se ha expresado amor, dolor, éxtasis, desesperación, pasión, derrota. Y lo mejor: aún queda mucho por escribir y por expresar. ¿Cuál es la alquimia que permite tanto con tan poco? La combinación de los elementos. Las letras se combinan en palabras, las palabras en oraciones que se estructuran en frases, párrafos… y sobre todo ello se construyen figuras literarias, metáforas, tropos… Es la alquimia de la semántica, de la sintaxis, de la poesía.
¿Cuántas letras tiene el alfabeto de la vida? Cuatro, las cuatro bases nitrogenadas que forman el ADN. Sólo cuatro. Con cuatro letras se ha escrito lo que probablemente sea la historia más bella del mundo, la de la evolución biológica, la de la inimaginable complejidad de lo viviente, de lo que fue y de lo que es; y con las mismas cuatro letras se escribirá lo que algún día será. ¿Es la vida una aburrida repetición de unas pocas moléculas básicas? El lenguaje de la vida también tiene su propia semántica, su propia sintaxis, y hasta sus propias metáforas. Aunque no se llamen así, sino enzimas, especies, ecosistemas.
¿Y la música? ¿Cuántas letras tiene su alfabeto? Siete. ¡Una sinfonía, pongamos de Mozart, está escrita con siete letras! Siete letras y una sintaxis riquísima, compuesta de ritmos y armonías, terceras, sextas y bemoles, pero siete letras, al fin y al cabo. ¿Es una sinfonía de Mozart una aburrida repetición de unos pocos sonidos?
Los ejemplos podrían sucederse hasta la saciedad. Pero tal vez la enseñanza es que la belleza no está en la variedad de los componentes elementales, sino en cómo se combinan estos pocos elementos para dar conjuntos complejos y ricos. Aprendamos, pues, con aplicación el alfabeto de la esgrima, pero sobre todo, aprendamos su gramática, aprendamos a combinar con imaginación y exactitud para hacer unos asaltos bellos y eficaces. Como una poesía. Como un ser vivo. Como una composición musical. 2 comentaris 2.Inés Legemaate | 26-04-2008 19:20:02 | Sense títolYo añadiría que, a parte de los brazos y de las piernas, está la "voz" de la mente, la cual a veces se dedica a romper esa armonía que consigues con tu cuerpo (una vez que has conseguido poder coordinar, claro está). Es cuando te das cuenta que esa "vocecilla" tiene que ver mucho con tu juego de esgrima, y también con el de tu contrincante (aunque a veces no pensemos demasiado en ello). Por eso es por lo que también este deporte se hace mucho más interesante y rico, ¿no? 1.Carmen | 20-04-2008 00:00:16 | Sense títolJavier, como siempre, es un verdadero placer leerte. Gracias por regalarnos a unos cuantos tus escritos,probablemente con pensamientos que nosotros también tenemos, pero que seríamos incapaces de plasmar en un teclado. Ni que decir en un papel. Saludos desde el levante alicantino. Carmen. |