SAM Esgrima Barcelona
La parábola del maratoniano Imprimir a/e
Javier Romero
12-04-2008

Llegar un poco más allá del agotamiento...

 

No seré yo quien busque puntos flojos de la esgrima, ni quien señale abiertamente sus carencias. Quien me conozca sabrá que soy un entusiasta incondicional.

Pero en algún momento he echado de menos lo que de una manera un tanto pomposa podríamos denominar “épica”. No es una palabra particularmente adecuada a la ocasión, pero es por llamarle de alguna manera. En realidad, me estoy refiriendo al enfrentamiento contra uno mismo, a la lucha contra las propias limitaciones, contra la propia debilidad. Evidentemente, la esgrima requiere afán de superación, faltaría más, y por lo tanto la lucha para conseguir esa superación. Pero estaba pensando ahora en un enfrentamiento contra uno mismo directo, a cara de perro, totalmente salvaje.

Por ejemplo, el que implica correr un maratón. Hace tiempo me dediqué a esta extraña actividad, y si alguien me hubiera pedido que definiera qué era para mí correr un maratón yo hubiera contestado: “es llegar hasta el agotamiento extremo, y luego seguir para ver qué hay detrás”. Por cierto, nadie me lo preguntó, así que ahora rescato esta definición de un rincón polvoriento de mi memoria y la ofrezco en rigurosa primicia mundial.

Cuando uno corre un maratón, si está medianamente entrenado (y eso quiere decir el haber corrido unos 40-50 Km a la semana, como mínimo, durante unos seis meses), los primeros 30 Km suelen hacerse sin mayores problemas. Ahora bien, a partir de ahí acecha el espectro de la llamada “pared” o “muro” de los 35 Km. Según dicen los expertos, es algo que tiene que ver con un cambio en el metabolismo, que, después de haber consumido los hidratos de carbono (glucosa, glucógeno y demás) empieza a exigir grasas para quemar. Desde el punto de vista del corredor, es algo mucho más dramático. Es una sensación de haber sido abandonado por las fuerzas, por cualquier tipo de fuerza. El combustible, agotado, deja una sensación de vaciedad absoluta e irremediable. La energía vital, evaporada por completo y para siempre, es sustituida por un enorme agujero, negro y frío.  Los conceptos de debilidad y agotamiento adquieren un sentido más profundo y total. Y entonces empieza la épica. Una épica, paradójicamente, muy íntima, con hazañas de un ámbito exclusivamente personal. Pero épica, al fin y al cabo. La épica que supone que, a pesar de todo, el maratoniano apriete los dientes y siga corriendo. Cuando su cuerpo le pide, le exige que abandone, que se acabó, que no hay vida más allá, que no hay consuelo, y  a pesar de todo sigue corriendo. Cuando parece imposible, cuando cada paso parece el último, cuando todo parece indicar que está al borde del siniestro total, sigue corriendo. Sigue corriendo contra toda lógica, e incluso contra toda esperanza, corre por correr, corre porque algo le dice que es eso lo que hay que hacer y que si hay alguna salvación está hacia delante. Y entonces, antes o después, se produce el milagro. Será que el metabolismo ha conseguido sus grasitas, o lo que sea, pero el hecho es que las sensaciones de muerte inminente se van disolviendo, y la máquina vuelve a funcionar. No sin crujidos, claro, pero funciona, y funcionará los kilómetros que faltan para la meta. Se ha superado la pared, ya se sabe lo que había más allá del agotamiento. Curiosamente, más allá del agotamiento había vida, había más fuerzas, había aún carrera por correr, y había una meta a la cual llegar.

Deporte para masoquistas, dirán algunos. Puede. Pero deporte con una fuerte, muy fuerte, carga de aprendizaje personal.

La lucha del maratoniano contra la pared de los 35 Km… Siempre he pensado en ello como en una modesta parábola.

4 comentaris
 4.el piñeiro | 13-04-2008 20:44:00 | el punto de no retorno
Estimado Javier.
Me has sorprendido de nuevo: que hombre más polifacético. Si hasta haces maratones!! Guau! Enhorabuena, te felicito por haber escogido un deporte tan noble y por momentos tan inhumano. Leí y releí atentamente tu análisis de lo que es una carrera de maratón... y encuentro muchísimas similitudes a lo que cuentas, con correr una carrera popular de por ejemplo 14 km sin haber entrenado nada de nada (por el sufrimiento, sobre todo). Ahí, eso de llegar más allá del agotamiento puede darse incluso en el kilómetro 5... ¿y entonces?. A tirar de orgullo y sufrimiento. Existe un momento que yo le llamo DE NO RETORNO, en el que el sentimiento de ABANDONAR ronda a cada momento por la cabeza.
Bueno, el caso es que lo que realmente me ha hecho recordar este PUNTO, no solo en las carreras, sino en los largos paseos-excursiones-castigos en bici de montaña: por ejemplo en alguna etapa larga, o en la subida entre tierra y piedras de una cuesta infernal.
Me centro: en una salida ciclista, muuuuy dura... el ciclista ve como las reservas van escaseando pero se niega a echar el pie a tierra (mi caso: soy muy tozudo). La cuesta arriba interminable, parece que se acaba y te esperas un descansillo en el que recuperar, pero tras la curva, la perra cuesta todavía sigue más empinada. Juegas con el desarrollo, hasta que ya no tienes más piñones y platos para atacar esa rampa que te está destrozando. Ahí como en la carrera es donde aparece este momento que yo he llamado PUNTO DE NO RETORNO (similar al km 35)en el que niego a mi cabeza todas las posibilidades de abandono (pararme a descansar), y siento aún por encima que la rueda trasera no agarra y patina con la gran pendiente. Echo el peso del cuerpo hacia atrás, sintiendo más el esfuerzo aún, pedaleo y pedaleo y casi no me muevo... pero no quiero pararme. Sigo reventado, pero busco el final... y como si de la meta del ANGLIRU se tratara, llego arriba y entonces soy el rey, no hay nadie más poderoso que yo. El dios de la montaña reencarnado en ciclista.
 
 3.Convidat | 13-04-2008 11:16:19 | Sense títol
No es ningún cumplido, en absoluto. Me encantó el artículo anterior, el del azar. Hay que ver la cantidad de veces que se dan esas ecuaciones en competiciones de esgrima. Es uno de los encantos de este deporte, que tiene una parte bastante imprevisible, la emcoción de saber que hasta el último tocado no está nada perdido...
Mil besos,
Carmen.
 
 2.Javier Romero | 13-04-2008 00:08:22 | Tironcillos...
Sí, lo del tirón de orejas llevas razón. De hecho merecía más de uno, por mi largo silencio.
Espero que no se repita...
Te saludo pues, Carmen-espadista-alicantina. Es un honor lo que me dices.
Javier
 
 1.Convidat | 12-04-2008 18:46:58 | Sense títol
Interesante...como siempre. Tengo que confesar que suelo frecuentar la web a menudo (bueno sí, a diario, lo confieso) para leer tus articulos. Y ya me tenías varios días mosca sin nada nuevo, te pensaba dar un tironcillo de orejas... jejeje
Saludos desde Alicante.
Carmen.
Pd: Yo espada, por supuesto.
 
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