SAM Esgrima Barcelona
Azar y necesidad Imprimir a/e
Javier Romero
30-03-2008

Azar (o suerte) en la esgrima.
Interesante reflexión sobre la suerte en el blog de Tino...

Interesante reflexión sobre la suerte en el blog de Tino, con no menos estimulantes y plurales aportaciones. Una reflexión sobre la suerte que abre las puertas a una reflexión sobre el mundo, en la que no me resisto a participar.

 

El azar es un concepto difícil de definir, y se asocia a sucesos o fenómenos que no muestran causa aparente, o impredecibles. Cuando el azar se proyecta sobre los deseos de alguien adquiere un carácter subjetivo y le llamamos suerte. Si se encadenan varias suertes, hablamos de fortuna. Y para los que creen que la fortuna cumple con algún tipo de propósito trascendente existe la palabra destino.

 

Pero no vayamos tan lejos. De la lectura del blog de Tino me pareció entender que algunos creen o quieren creer demasiado. Y tal vez otros demasiado poco. Ahora bien, no es cuestión de creencias. El azar existe, impregna nuestras vidas, y, por lo tanto, y en la medida que afecta a nuestras decisiones, proyectos y deseos, la suerte también existe. Hay que asumir esta realidad y aprender a vivir con ella. Por otra parte, no es ninguna desgracia, sino todo lo contrario. En un mundo sin azar todo sería totalmente previsible. Qué aburrido, un amigo previsible, un compañero o compañera previsible, un campeonato de esgrima previsible.

 

En ciencias experimentales se acepta que todo conjunto de observaciones tiene un componente determinista y un componente aleatorio. Del componente determinista, que sería la parte predecible de la observación, se ocupan, según los casos, la biología, la química u otras ciencias; de la parte aleatoria, la estadística.  En general, cuanto más avanza nuestro conocimiento de un sistema, más crece la parte determinista y más disminuye la aleatoria. Para algunos, esto podría llevarse al extremo y reducir la parte aleatoria a cero. En tal caso, el azar no sería más que un rincón oscuro donde almacenamos nuestra ignorancia; y azar sería entonces el nombre que le damos a aquello que desconocemos, que está fuera de nuestro control. Se trata entonces de un azar operacional o epistemológico. Pero para otros existe también un azar ontológico o esencial, que no obedece a causalidades, ni conocidas ni desconocidas; campos bastante esotéricos para los no iniciados, tales como la mecánica cuántica, apuntan en este sentido. Y hay hechos cruciales, como la evolución biológica y toda la configuración de la vida sobre la Tierra, que se han producido por mutaciones surgidas del más profundo azar.

 

Dejemos estas honduras filosóficas y vayamos al mundo de la esgrima. Dos ejemplos de azar.

 

Primer ejemplo, un asalto. Un asalto, en el fondo, no es más que un conjunto de observaciones de los estados finales de un sistema formado por dos tiradores. Cada observación individual es el producto de lo que sucede entre la voz de “adelante” y la voz de “alto”, y sólo puede tener tres valores: luz roja, luz verde o nada hecho (cuatro en la espada si consideramos el tocado doble). Cada una de estas observaciones, y por supuesto su conjunto (el resultado del asalto) tiene una parte determinista y otra aleatoria. Pongamos que mi efectividad en tocados a la mano sobre un blanco móvil es del 80% (qué más quisiera… es sólo un ejemplo). De cada diez ataques a la mano ocho serán exitosos y dos fracasados, y estos dos últimos me expondrán a una contra del rival. Vamos 14-14 y ataco a la mano… ¿será del 80% bueno o del 20% malo? En cualquier caso, el resultado final, en cierta medida, habrá dependido del azar, o si se prefiere, para salvaguardar las formas, de las probabilidades.

Segundo ejemplo, una competición. Una competición no es más que una observación del estado final (la clasificación) de un sistema formado por los tiradores que participan en ella. Dicho sea de paso, si la competición fuera totalmente determinista no haría falta tirarla. Pero imaginemos un caso concreto. El tirador X, que frecuenta la zona media-alta de los tablones, tira ese día una poule magnífica, y sale con un número muy bajo. El tirador Y, de capacidades algo inferiores al tirador X, hace unos asaltos más irregulares y queda con un número intermedio. Pero un tirador Z de gran nivel ha estado flojo en la ronda de poules, y queda clasificado muy abajo. Se cruzan X y Z y gana Z. En cambio, Y se cruza con un tirador de su nivel al que no sin esfuerzo consigue ganar y pasa ronda, quedando por delante de X en la clasificación fial. ¿Ha influido el azar o no?

 

El azar impregna la esgrima, pero, paradójicamente, es precisamente el azar el que da sentido a nuestro esfuerzo. Trabajaremos para reducir el componente aleatorio, trabajaremos para dejar menos cosas al cálculo de probabilidades, y si no queda otro remedio, trabajaremos para que las probabilidades nos sean más favorables. Y trabajaremos sabiendo que ese componente aleatorio siempre estará ahí, grande o pequeño, resistiéndose a nuestros esfuerzos. Pero es precisamente esa dosis de incertidumbre la que va a ser el estímulo más formidable para nuestras ganas de mejorar. En la esgrima y en todo lo demás. De nuevo, la esgrima es el reflejo de la vida…
 

Por último: que el azar sea el rincón oscuro donde escondemos nuestra ignorancia sí. Pero que no sea también el rincón donde depositamos las culpas de nuestros fracasos.

 

 

Addendum

 

El ejemplo de la competición está sacado de la Lliga Catalana del 29 de marzo de 2008.

He hablado en álgebra, pero háganse las siguientes sustituciones:

X:  Chris Brandwood

Y: Javier Romero

Z: Santiago Godoy

Real como la vida misma.

Una persona ha comentat aquest article.
 1.Observadora | 03-04-2008 18:50:57 | Suerte que existe el azar¡
Suerte que existe el azar

Sigo leyendo con interés estos blogs de esgrima y hasta creo que pronto me estrenaré.

Pero de momento, me parecen muy interesantes estos comentarios cruzados sobre la suerte y el azar en la esgrima, en la ciencia, y en la vida.

Mi opinión, a diferencia de lo que parece opinan algunos entrenadores, es: ¡Suerte que existe la suerte (o el azar)¡(valga la redundancia). Si no existiera, si todo fuera predecible, si cada acción tuviera una reacción determinada ¿donde quedarían nuestras posibilidades de soñar, de vivir otros mundos inventados, de maravillarnos con lo impredecible, de descontrolarnos un poco?

Claro, que supongo, que todo eso no te asegura que ganes los campeonatos de esgrima, o lo que sea que quieras conseguir en la vida, pero estoy totalmente de acuerdo contigo, es esa cierta dosis incertidumbre, el motor más potente para avanzar. Si supiéramos de antemano el resultado de nuestras acciones. ¿Qué gracia tendrían?
 
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