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Este fin de semana, el “Trofeu Internacional Ciutat de Barcelona” nos ha permitido convivir con la excelencia en esgrima.
Después de unas horas rodeado por esgrima del más alto nivel, pensé en escribir una nota con algún título que hiciera alusión a la excelencia. Luego, y como es habitual en mí, me atasqué por culpa de la palabra “excelencia”. Primero, me di cuenta de que era un término de uso cada vez más frecuente; y las palabras, como todo, cuanto más se usan más se desgastan. Buscando “excelencia” en internet me salieron más de cuatro millones de entradas, mientras que “cortesía” apenas pasaba del millón, y “parsimonia” se quedaba justita en el cuarto de millón; el porqué de tomar estos otros dos vocablos como referencia es otra historia que deberá ser contada en otro lugar. Segundo, también me di cuenta de que era palabra que formaba parte del léxico de los manuales de autoayuda y entraba a menudo en la composición de la fraseología de los apóstoles del éxito y del liderazgo empresarial a la americana. No tengo nada en contra ni de la autoayuda ni del éxito empresarial, claro. Aunque ciertos usos del lenguaje me dan un poco de grima, he de confesarlo.
Etimológicamente, excelencia viene de “empujar hacia fuera”, es decir, se aplica a lo que sobresale. Y, buscando definiciones aquí y allá, parece que puede referirse a aquello o aquél que muestra, en determinado actividad o campo, una neta superioridad. Pero también se aplica a algo de gran calidad o bondad que lo hace digno de singular aprecio. Y, la que más me ha gustado: la excelencia como carácter de la persona o cosa que corresponde, casi a la perfección, con la representación ideal de su naturaleza o función. Entre la excelencia no competitiva (es excelente el que se acerca a esta representación ideal o perfección) y la competitiva (es excelente el que lo hace mejor que los demás), yo me quedo con la primera. Me declaro admirador de los que buscan la excelencia de este primer tipo, y, por supuesto, de los que consiguen llegar a ella.

Yo diría que este fin de semana hemos tenido una buena ración de excelencia. Es un privilegio poder admirar a tantas buenas tiradoras, ver hasta dónde se puede llegar en ritmo, en elasticidad o en estrategia. Y mi admiración va tanto para las que quedaron en lo más alto como para las que quedaron por el camino, con una mención muy especial a las de casa. Creo que fuimos muchos los que disfrutamos, y es obligación moral dar las gracias a aquellos que nos trajeron la excelencia a casa. No me gusta mencionar nombres, básicamente porque estos grandes acontecimientos tienen muchos responsables, y mencionar a algunos conlleva el riesgo de olvidar a otros. Pero haremos una excepción; así que gracias a los que vi en el Directorio Técnico (Xavi Padilla, Rafa Tarragó, Eddy Manucu, Jordi Romeu…), al speaker Carlos Bello y a Xavi Iglesias, alma mater del congreso de esgrima que añadió profundidad e interés a las jornadas. Y a los voluntarios y voluntarias, y a los anfitriones de INEFC, y a tantos otros. Para aquellos que me haya olvidado, queda el espacio de los comentarios, y no hay problema en alargar la lista de agradecimientos. Porque la excelencia ha estado en las pistas, qué duda cabe, pero también ha estado en la organización.
Como aficionado a la esgrima, me congratulo que me traigan a casa un torneo de esta categoría.
¡Larga vida al “Ciutat de Barcelona”. Una persona ha comentat aquest article. 1.Observadora | 19-02-2008 15:46:43 | más sobre la excelenciaAunque creo que un comentario debería ser algo más original no me resisto a enviarte una par de ideas que he encontrado en Internet para abundar más en el tema de la excelencia, que podríamos recuperar como competencia básica en la esgrima y en todo lo demás:
Una definición no es buena si simplemente nos da una palabra sinónima. Por ejemplo: supongamos que definimos la palabra virtud utilizando simplemente la palabra excelencia. Podría ser perfectamente real que todas las virtudes son excelencias, y que todas las excelencias son virtudes, pero la palabra excelencia por sí misma no es una buena definición de virtud. Uno siempre puede simplemente preguntar, "¿pero qué quiere decir excelencia?". Seguramente, si uno tiene una confusión básica sobre lo que significa virtud, entonces también tendrá una confusión filosóficamente básica con lo que quiere decir excelencia.
La excelencia es el resultado de preocuparse por las cosas algo más de lo que otros consideran que es sabio,… de arriesgarse un poco más de lo que otros piensan que es seguro,… de soñar más de lo que otros creen que es práctico,… y de esperar más de lo que otros suponen que es posible.
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