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Y cuando a aquel lletraferit emborronador de cuartillas electrónicas le llegó la hora, la Muerte vino a buscarlo de madrugada
Pero sucedió que en vez de acatar el destino, se puso a argumentar, disuadir, razonar y hasta exponer los más elaborados sofismas para conseguir un aplazamiento. La Muerte, inflexible, resultó inmune a argumentos, razones y sofismas. Hasta que aquel literato de cortos vuelos recordó un ardid, clásico donde los hubiera, que bien podía ayudarle en tan difícil trance. De manera que empezó a explicarle a la Muerte una historia sobre la esgrima y la ESGRIMA, y si bien no consta que la impresionaran en demasía las virtudes literarias del asunto, sí parece que al menos la distrajeron, o despistaron. De manera que cuando terminó la historia, la Muerte comprobó, no sin fastidio, que estaba amaneciendo y que, por lo tanto la hora ya había pasado. Así que se despidió, no sin antes prometer puntual regreso al día siguiente.
La madrugada siguiente, la Muerte estaba de vuelta; pero el aprendiz de plumilla, nada más verla, empezó con otra historia sobre la promiscuidad en las salas de esgrima. Pasada de nuevo la hora, la Muerte se retiró rezongando algo sobre “mañana sin falta...” Pero al día siguiente aquel insensato tenía preparada una historia sobre dónde se cruzan los caminos. Y al día siguiente otra sobre su odio a los zurdos, y luego otra sobre el fondo del mar, a la que siguió una sobre una misteriosa espada, a la que siguió una sobre luces que no se apagan, y así una y otra vez, una madrugada tras otra.
La Muerte es paciente, perseverante; así que volvió un día, y el siguiente, y el día de después; y un día, el siguiente y el de después se tuvo que ir con las manos vacías después de haber escuchado –u oído, nunca se sabe- nuevas historias sobre el subjuntivo, el barrufet esgrimista o un romance apócrifo. Y vinieron más días, y más historias, sobre íncubos y súcubos, Le Chevalier de Saint George, el delta cerca de Amposta, las alcachofas, Cadaqués, los antepasados, Gerineldo, lo infinito y tantas cosas más.
A alguien puede extrañar que la Muerte se dejara engañar con añagaza tan manida y obvia. Pero la Muerte es caprichosa e inescrutable, y las cosas fueron así, ni más ni menos. Y fueron así durante 101 madrugadas, 101 avisos de que la hora había llegado, 101 historias, seguidas de 101 constataciones de que ya amanecía y 101 promesas (cumplidas) de volver al día siguiente.
En la madrugada que hacía 102, la Muerte llegó con el convencimiento de que aquel embrollo llegaba a su final. Nada más verla, el autor de 101 historias empezó:
“Y cuando a aquel lletraferit emborronador de cuartillas electrónicas le llegó la hora, la Muerte vino a buscarlo de madrugada. ..”
La Muerte escuchó con paciencia, y cuando terminó, se fueron juntos y en paz. 6 comentaris 6.Convidat | 15-12-2012 02:07:49 | abrazo al mago de las letrasjoooooooooooooo....
pues desde que no he podido entrar... anda lo que ha pasado!!
un abrazo grande, Romero!! 5.montse | 12-04-2012 16:29:39 | nooooooooooooooooooooo!No me lo puedo creer, pero quede claro que ..... algunos creemos en la Resurrección, y no pensamos perder la esperanza. 4.Wallada | 01-04-2012 18:30:22 | trampaSi tan lletraferit es el lletraferit, debería saber que tiene que llegar a la noche 1001, no a la 101. 3.María | 27-03-2012 21:05:54 | ¿Cómo?¿Cómo rompió la muerte ese pozo sin fondo de historias hermosas? ¿No era feliz oyéndolas? ¿Cómo el día 102 destruyó lo que encantaba su alma? 2.David Gomáriz | 27-03-2012 11:04:18 | Sense títolLa Muerte, como bien decís, don Romero, siempre acaba llegando, y será por ese hastío propio de su penoso cargo que debe agradecer algo distinto de la rutina diaria, como un liante que quiere alargar su muerte como una Sherezade esgrimística.
Estoy seguro que, al igual que yo, hay muchos voyeurs que quieren escuchar, a hurtadillas, las historias que le narráis a la Parca.
1.Xavi Guilera | 27-03-2012 00:06:41 | Sense títolInteresante historia..... seguro que podría haber servido para aplazar, una noche más, la paciente y abnegada dedicación de la Dama Negra. Lo que si está claro, es que nuestro deporte es generador de un sinfín de historias y anécdotas, con las que acompañar sobremesas y veladas. Doy fe de ello, pues más de un centenar de Beer's (la pagana continuación de la Poule del jueves) han caído, y por ahora el ambiente sigue siendo tan jovial y disperso como la primera vez. Hasta la temida Sra. se olvidaría de sus lúgubres quehaceres...... |